– La Historia Jamás Contada –
Una noche de mayo de 1985, saliendo de ver la película de culto BELLE DE JOUR de Luis Buñuel -basada en la novela homónima de Joseph Kessel-, el amigo sexólogo a quien había invitado, me invitó a su vez un trago -literalmente- para comentarla, pero como aún así ya era tarde me pagó el taxi de regreso a casa.
En el camino, el conductor y yo entablamos una conversación de lo más interesante, tanto, que ya estando estacionados frente a mi casa, continuamos en ella por un buen rato.
Era sobre política, pero no electoral sino ciudadana, la que tiene que ver con los problemas y expectativas de la gente y del tratamiento que les da el Gobierno en los hechos.
Me comentaba que había levantado su propia encuesta entre sus clientes y que todos estaban en contra de aquél, por lo que le pregunté si le habían dicho por qué. “¿Cómo?”-preguntó a su vez-. “Sí -respondí-, porque de otra manera el mismo Gobierno culpará de su malestar a sus propios enemigos y lanzará a los descontentos contra ellos, es decir, usará a unos para deshacerse de los otros”, vieja maniobra que últimamente sigue en plena vigencia, como a todos nos consta. Y le puse como ejemplo lo que me disgustaba de mi propia colonia, que tenía ya bien identificado. Se quedó pensando y fue cuando nos despedimos.
Esta conciencia (awareness) es la piedra de toque para probar cualquier teoría o argumentación propia o ajena que pretenda explicar una situación particular o el funcionamiento todo de la sociedad, pues si no la tenemos estamos a merced de cualquier cadena sofística de cualquier vivales, como es tan común en la actual situación de “guerra de guerrillas” propagandística en la que muchos se involucran aún sin sospecharlo.
Así que para no caer en estas acechanzas, lo primero es centrarse -esto es, colocarse en el centro- y reconocer el territorio, tanto físico como psicológico e ideológico en el que uno se encuentra y proceder a establecer puntos de referencia.
Pero esto no es todo: también hay que ejercitarse en el pensamiento lógico a fin de distinguir en el hilo del discurso las rupturas, empalmes, saltos, cambios de dirección, salidas de tono, en suma, los recursos propios del lenguaje cantinflesco o jerigonza en que se sustenta el “choro mareador” con el cual los embaucadores, “jilgueros”, epígonos y similares aturden a sus desprevenidos escuchas, espectadores o lectores para convertirlos en fervientes seguidores de la “causa” que traigan entre manos.
Viene luego el aspecto académico, indispensable pero que exige un sostenido esfuerzo intelectual imaginativo y de abstracción, pues hay que ponerse y mantenerse al tanto de las corrientes, enfoques, desarrollos y aplicaciones de las ciencias sociales -que a este nivel son como las ciencias exactas, físicas o naturales-, que al no ser asimiladas como tales, degeneran en un credo cualquiera, con sus profetas y evangelistas que, sintiéndose poseedores de la Verdad, intentarán imponérsela a cuanto incauto encuentren por el camino, como sucede ahora mismo con las famosas “epistemologías del Sur”, planteamientos bastante deficientes desde el punto de vista filosófico, pero que voluntaristamente tratan de aplicar a las más diversas realidades, como aquí la educativa. (Recuerdo cuando en 1984, leyendo un libro de sociología “frankfurtiana”, LIBIDO Y SOCIEDAD, de Helmut Dahmer, llegué a una página que me llevó todo un día desentrañarla: ese es el tipo de esfuerzo a que me refiero.)
Es por eso que resultaría oportuno contar con TALLERES DE INVESTIGACIÓN SOCIAL a los que pudieran incorporarse participantes de las más variadas ocupaciones pero con un interés común, que se beneficiarían de metodologías optimizadas para este campo específico, a fin de sostener discusiones, realizar investigaciones y proponer planes de acción que vayan más allá de la cultura de masas y las groseras manipulaciones que ésta hace posible. Todo lo contrario del supuesto y mítico saber ancestral del otra vez gubernamentalmente adulado “pueblo bueno y sabio” que se empecina en dejar que las cosas continúen como van: …empeorando.
¿Qué opinan ustedes al respecto?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.




























