– La Historia Jamás Contada –
Nunca está de más verificar los parámetros de LIBERTAD INDIVIDUAL prevalecientes en una sociedad determinada, por mucho que a primera vista todo parezca ir bien y progresando, como sería aquí y ahora mismo. ¿Pero es esto último efectivamente así…?
Hace unos años, el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publicó una colección de libros con los sorprendentes resultados de una encuesta de opinión entre la gente acerca de los más diversos tópicos, que mostraban sin lugar a dudas que la sociedad mexicana, considerada en su conjunto, no está tan adelantada como muchos, quizá la mayoría, damos por hecho, sino que siempre están presentes ¿minorías? dispuestas a regresar a etapas de mayor control -léase prohibición- oficial u oficioso -desde los más inverosímiles lugares sociales- de las conductas individuales.
El asunto no es menor, pues se trata de una condición ideológica y a la vez psicosocial que puede ser aprovechada por cualquier grupo, secta, camarilla o similar, para tratar de imponer a TODOS su particular -y, casi como regla, delirante– forma no sólo de comportarse sino incluso de pensar y sentir, colonizando por igual mentes y corazones. (Incidentalmente, este es uno de los criterios para distinguir entre un régimen “simplemente” autoritario y otro ya TOTALITARIO.)
Desde los años 50 y básicamente como resultado de la entonces reciente Segunda Guerra mundial y el papel que jugaron en ella los totalitarismos de uno y otro signo, afianzados en la aquiesencia de las masas hacia los caprichos, por criminales que resultaran, de líderes carismáticos, comenzó la investigación sistemática empírica de los procesos que llevan a la gente “normal” a entregarse incondicionalmente a aquéllos, convirtiéndose en una horda enardecida siguiendo ciegamente a su Duce, Führer, Caudillo, Comandante Supremo o como se haga llamar, siendo tal vez la más conocida la realizada en la Universidad de Stanford en California, publicada bajo un título que lo decía todo: THE AUTHORITARIAN PERSONALITY.
Pero volviendo al futuro, es decir, a nuestro presente, es ya un lugar común hablar del retorno mundial de los totalitarismos, notablemente en zonas donde se suponía ya había echado raíces el pensamiento democrático, si no todavía la práctica correspondiente, que llega mucho más allá de la pura formalidad electoral, hasta donde llegan los analistas y comentaristas políticos, por críticos que sean, es decir, el límite funcional del PERIODISMO.
Y es precisamente en las zonas marginales de la sociedad, donde aún no acaba de consolidarse esta relativamente novedosa práctica, que es más fácilmente erosionada por los agentes de la Restauración, que recurren indefectiblemente a las viejas certezas míticas, irracionales, reveladas por supuestas “entidades superiores” (??) y no fruto de la experiencia histórica y la reflexión humanas, literalmente de quienes viven en la Tierra y tienen los pies puestos en ella.
Es el caso de LAS MINORÍAS ERÓTICAS (Lars Ullerstamm), recurrentemente tomadas como blanco (target) de activistas sectarios, con frecuencia solapados o sostenidos abiertamente por Gobiernos que debieran hacer valer los derechos de aquellas, pero que para no enemistarse con una masa cada vez más fanatizada o contar con su apoyo para realizar sus ambiciones personales, optan por dejar que los acontecimientos sigan su curso… de colisión con las libertades individuales, tema rara vez abordado en profundidad, pues se lo deja de lado a favor de otros más “respetables” o accesibles para el público en general.
Pero está ocurriendo en todos partes, no sólo en países con regímenes refractarios a toda evolución social, sino en otros que ya iban de salida, como Rusia, donde en la Nueva Era -de Putin, se entiende- la diversidad erótica es presentada oficialmente como “prueba” de la decadencia moral de Occidente -¿les suena familiar?- y quienes la manifiestan, poco menos que agentes desestabilizadores que buscan minar desde dentro la fortaleza de la Madre Patria, a los que se debe enfrentar haciendo causa común con los más recalcitrantes defensores de los valores rusos tradicionales, como la Iglesia Ortodoxa, por ejemplo.
Todo un caso este de Rusia, del que podemos aprender lo básico para no tropezar con la misma piedra, más ahora que no pocos trasnochados dentro y fuera del Gobierno voltean nostálgicamente hacia allá buscando un modelo que imitar. Comencemos entonces por hacer la crítica de este retroceso en particular, sobre el que por información no paramos.
¿Qué les parece la idea?
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.






























