ConoSer Bien
Saber cuándo retirarse es sabiduría. Ser capaz de hacer las cosas es valentía.
Alejarse con tu cabeza en alto es dignidad.
Anónimo
Según el Génesis 1:26-27, en el último día de la creación, Dios dijo, “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza … Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” Y así, de esta manera Él terminó Su trabajo. Acorde a lo anterior, el hombre es el único individuo, entre todos los seres de la creación, que tiene una parte material (cuerpo) y una inmaterial (alma y espíritu).
En 1 Tesalonicenses 5:23 vemos: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, y espíritu, y alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”, confirmando aquí la constitución material e inmaterial del ser humano.
Se puede decir que la imagen de la divinidad se refiere a la parte inmaterial del hombre, es decir, a la parte del alma y a la espiritual. Esto es lo que coloca al ser humano en este plano terrenal para tener comunión (común–unión) con su Creador, vinculándose a una semejanza mental, moral y social.
Mentalmente, el hombre fue creado como un ser racional con voluntad propia, él puede razonar y elegir. Moralmente, la humanidad fue creada en justicia e inocencia, un reflejo de la probidad del Ser. Socialmente, el hombre fue creado para tener y estar en compañía. Dios hizo a la mujer porque “no es bueno que el hombre esté solo…” (Génesis 2:18). Es por ello que nuestra conciencia es una huella de ese estado original.
Cada vez que alguien se aleja del mal, al adoptar una buena conducta se está confirmando el hecho de que estamos hechos a imagen y semejanza del Creador.
El hombre, al ser “creado a imagen y semejanza de Dios”, se considera como un sujeto libre y en consecuencia responsable de sus actos. Los conceptos de libertad y responsabilidad aparecen indisolublemente unidos al de “dignidad”. Antes del cristianismo existía la idea de libertad y conceptos similares al de dignidad, como el honor, nobleza, honestidad, pero estos últimos se ligaban a condiciones sociales particulares, no a todo ser humano.
El humanismo, movimiento filosófico y cultural que surgió en Europa durante el siglo XIV y se inspiró en la cultura y filosofía grecorromana, fundamentó la idea de dignidad en la ley natural (derechos fundamentados en la naturaleza humana), de esta manera, una idea que había tenido un origen religioso pasa a ocupar un lugar central en el pensamiento universal.
La palabra “dignidad” proviene del latín dignitas con el significado de: grandeza, excelencia, nobleza, valor: por lo que “digno” es lo que tiene valor y, por tanto, merece respeto. Hace referencia al valor inherente a cada ser humano por el simple hecho de serlo, en cuanto ser dotado de libertad.
El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra dignidad como: 1. Cualidad de digno (merecedor de algo) y considera como sinónimos: honradez, respetabilidad, nobleza, honestidad, honorabilidad, integridad, probidad, rectitud, decencia, seriedad, decoro. pundonor, autoestima, orgullo, vergüenza, honrilla, honra, puntillo, honor.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma en su Artículo 1 que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, así mismo, en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 1º se establece que: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.
Un gran número de constituciones, sobre todo las adoptadas en la segunda mitad del siglo XX, hacen referencia explícita al respeto de la dignidad humana como fundamento último de los derechos enumerados y como la finalidad esencial del Estado de Derecho.
La dignidad es una cualidad totalmente individual que se basa en el reconocimiento de la persona de ser merecedora de respeto, es decir, que todos merecemos respeto sin importar cómo seamos. Al reconocer y tolerar las diferencias de cada persona, para que ésta se sienta digna y libre, se afirma la virtud y la propia dignidad del individuo, fundamentado en el respeto a cualquier otro ser¹.
Por Dignidad entendemos la cualidad de sentirnos solidarios, y profesar amor y respeto hacia uno mismo y hacia los demás, no permitiendo que otras personas nos degraden, ni a uno mismo ni a ningún ser humano, lo cual nos lleva a profundas reflexiones sobre la naturaleza humana y los límites de la libertad, o incluso al abuso y ataque de las mismas libertades, originado por quienes ostentan el poder o quieren ejercerlo sobre los demás. En realidad, la dignidad es el amor que nos debemos a nosotros mismos.
Ante la crisis ética en la actualidad, amable lector, hoy es más urgente que nunca difundir y destacar la importancia de la dignidad humana cuyo valor primordial es la fraternidad y la solidaridad. No por algo el papa Francisco lo exhortó citando párrafos de la Encíclica Laborem exercens (Ejercicio laboral), de Juan Pablo II, “Nunca más el poder ni el dinero, por encima de la dignidad humana”.
Reflexionémoslo.
Jorge A. Rodríguez y Morgado, titular de la columna y el programa ConoSER bien. Twitter: @jarymorgado, correo electrónico: jarymorgado@yahoo.com.mx. Colaborador destacado de: Sabersinfin.com
Referencia:
https://es.wikipedia.org/wiki/Dignidad






























