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Un lujo gratuito que muy pocos se permiten

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Imagen del autor Pezibear en PIXABAY

– La Historia Jamás Contada –

Cuando hará unos once años empecé a usar Internet -con fines informativos, desde luego, pues el chisme y la propaganda, especialmente la “política”, sea nacional o internacional, no me resultan atrayentes-, se me ocurrió indagar sobre el estado del BAREFOOTING -la práctica o gusto de andar descalzo- en el Mundo, que aquí se ha reducido a un mínimo casi imperceptible, cuando en los años 70 parecía ir estableciéndose como tendencia entre una parte de la clase media urbana, sobre todo LAS jóvenes.

Para mi (grata) sorpresa, me enteré que se encontraba bien de salud (alive and well), aunque tampoco es mayoritario ni mucho menos, en los países donde todavía se aprecia el individualismo, SER UNO MISMO y no deberse a ninguna mítica o metafísica comunidad o Entidad “superior” (?), como sucede cuando prevalecen regímenes colectivizantes o incluso totalitarios empeñados en vigilar y controlar todo, hasta la manera de vestir de los habitantes.

Pero no sólo eso, sino que gracias precisamente a la Red, ahora es posible compartirlo con muchos sin tener que pasar por el tamiz de los comunicadores profesionales de los medios que, obedeciendo una regla no escrita de su oficio, procuran ajustarse a los estándares “morales” (del latín mores = costumbre) dictados por los Poderes formales o fácticos establecidos o la parte más conservadora, tradicional de la población y por ello lo ignoran o lo abordan de manera sensacionalista.

También me enteré de la existencia de clubes y asociaciones -de hecho o virtuales- de barefooters, como las hay de tantas otras aficiones, en los que se comparten experiencias, noticias, reflexiones, consejos prácticos y también curiosidades, iniciativas y aún retos, todo profusamente ILUSTRADO.

Esta riqueza informativa, ahora de dominio público, permite seguir su desarrollo a través de las distintas fases de la historia de las sociedades, esto es, su historia cultural, que da cuenta no sólo de su presencia sino de sus vicisitudes en diferentes momentos, contextos y hasta actividades específicas, como el Arte, la Moda y el Deporte, por mencionar algunas.

Sobre esta variedad de manifestaciones comencé a escribir una serie de breves artículos -de los cuales éste debe ser el número 24- que espero recuperar en su totalidad para presentarla no sólo como erudición (scholarship) sino por su utilidad como referencia existencial para quienes comparten o se sienten atraídos o interesados por este estilo de vida, ofreciéndoles una panorámica alternativa válida frente al manojo de prejuicios y falsos conceptos ampliamente difundidos.

Equívocos que en algunas personas llegan a desencadenar episodios de ansiedad que a veces escalan a acciones discriminatorias, como la expresamente declarada en el ominoso -e infame-aviso: “NO SHOES, NO SERVICE” norteamericano, que aún continúa usándose. (E incluso extendiéndose a países y medios sociales insospechados, como la mismísima Rio de Janeiro, según comentaba hace poco un entusiasta descalço de allá. ¿En Brasil, un país tropical, como lo describe la famosa canción? ¿Cómo pudo llegarse a eso?)

Pero hay casos más amables, como el de un joven vendedor de una tienda de material eléctrico que sentía curiosidad pues “una hermana suya no quería ponerse zapatos”, me explicó.  Le conté de mis artículos y cómo encontrarlos, cuando todavía eran accesibles. (Los que pongo como “referencia existencial” porque, como dice una de mis frases célebres: “Si tú no explicas lo que haces, otro lo hará por ti… PERO EN TU CONTRA”.)

En cuanto al título de este artículo, se debe a la actual tendencia al descalcismo público entre las top celebrities de los espectáculos, la tecnología y otros ambientes lujosos, lo mismo que particulares pudientes como los juniors “tulumitas” de la Riviera Maya, en cuyo contexto esta práctica se transforma en un lujo comparable a los tradicionales relojes y automóviles costosos o los viajes, comidas y hospedajes de “nuevo rico” de la más reciente camada -o comalada- de políticos-funcionarios vernáculos, que ya sólo se alojan en cuartos transformados, como corresponde a su origen.

Esta última línea trajo a mi memoria el libro de Enrique Marroquín titulado LA CONTRACULTURA COMO PROTESTA, que leí en los años 70, donde menciona a un joven diputado holandés que… ¡andaba descalzo! (Bueno, así como hay de políticos a políticos, hay de lujos a lujos. ¿No creen?)

Sí, paradójicamente el barefooting o descalcismo ha llegado a ser un LUJO que muy pocos se permiten… ¡aunque es GRATUITO!

¿Cómo ven estos vaivenes de la vida y las costumbres, estimados lectores?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.