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Una oportuna reflexión sobre la ciencia (Artículo)

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– La Historia Jamás Contada –

Sin duda la noticia extraña de la semana pasada fue la comparecencia en el Congreso de la Unión (México) del periodista-investigador y empresario Jaime Maussán Flota y sus invitados, para hablar a los diputados sobre el tema con el cual se le identifica desde hace decenios, pero también se le ridiculiza, como a su ilustre predecesor Pedro Ferriz Santacruz, a quien nos conta le fue peor por el grado de censura y, por lo mismo, desconocimiento público de ésta y muchas otras cuestiones que prevalecía en aquella época.

Pero con todo y resultar ciertamente extraño para el medio político una reunión con este motivo -sin contar por supuesto la audiencia (hearing) oficial norteamericana que inspiró ésta-, no era la primera vez que sucedía algo así y nada menos que en las Naciones Unidas, cuando en 1979 algunos de los más connotados investigadores del fenómeno OVNI (Jacques Vallée, Claude Poher, Joseph Hynek, Leonard Stringfield, David Saunders) se entrevistaron con el entonces Secretario General Kurt Waldheim… sin que pasara nada, como probablemente también ocurrirá aquí.

Lo interesante en esta ocasión fue la enorme difusión que alcanzo el hecho gracias al desarrollo de las telecomunicaciones y su diversidad, que garantiza una multiplicidad de puntos de vista necesariamente contradictorios y por lo tanto estimulantes no sólo emocional sino intelectualmente, con la ventaja de poder expresarlos sin intermediarios cuando menos en las redes, que por no existir hace 50 años, obligaba a los interesados a quedarse (en ayunas) con las explicaciones oficiales de los expertos “científicos”, quienes tenían el monopolio de la (última) palabra: eran los tlatoanis de entonces.

Hasta la fecha estos supuestos “científicos” siguen jugando el papel de spoilers descalificando cualquier iniciativa o interpretación que no se adapte a lo que saben o prejuzgan, actuando corporativamente contra quienes expresan algo diferente a su verdad, para ellos la Verdad: así, incuestionable, una actitud dogmática religiosa que inhibe el desarrollo precisamente de la Ciencia.

 Sin embargo, en el caso que nos ocupa, ya no arremeten contra la presentación completa, pues de que hay objetos extraños flotando por ahí -era el término exacto que usaba el pionero Charles Fort: Objects Seen Floating– es algo que ya aceptó su fetiche científico, la NASA, pero se van contra las llamadas “momias de Nazca”, objetos controversiales por decir lo menos, pero que corresponden justo al tipo de hallazgos que los arqueólogos profesionales o aficionados toman como materia prima de sus ulteriores investigaciones y especulaciones. Nada fuera de lo normal, pero que esta vez los divulgadores “científicos” tomaron como piedra de escándalo antes de someterlos siquiera a un examen de rutina, como suele hacerse con cualesquiera objetos encontrados.

(Esto me recuerda una anécdota personal de hace 40 años, cuando en octubre de 1983, un amigo profesor de una Preparatoria de la Universidad pública local me invitó a participar en un diálogo estudiantil sobre Homosexualidad, pero advirtiéndome que era posible se dejaran caer algunos personajes de la vecina Escuela de Ciencias Fisicomatemáticas que la semana anterior habían impedido uno con miembros del movimiento “Hare Krishna”: la censura científica en acción, pero esta vez ni se aparecieron… mejor para ellos, aunque hubiera sido divertido confrontarlos.)

La ciencia, al contrario de la religión, es un sistema de “código abierto” que permite rectificar certezas ya establecidas, por inveteradas que sean, si los (nuevos) hechos o una mejor fundamentación teórica así lo ameritan.

En el caso de la hipótesis maussaniana, sea que resultase inverificable o incluso falsa, no pasaría nada: eso sucede todo el tiempo en la ciencia, como bien lo saben los historiadores y filósofos de ella.

Concluyendo: una cosa es la Ciencia y otra la Religión, aunque haya quienes no distinguen la diferencia y se comportan como verdaderos fanáticos cuando alguien no acepta lo que consideran la Verdad trascendente, el Evangelio de la Ciencia del que se consideran portadores.

¿Conocen ustedes alguien así?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.