– La Historia Jamás Contada –
Por regla general, cuando se habla de RELIGIÓN se piensa en un conjunto de conceptos más bien extraños que, una vez interiorizados por el individuo, sea de grado o por la fuerza (como suele ser el caso general también), habrán de normar en adelante todos los aspectos de su vida, tanto los aparentes, externos como los internos, subjetivos que lo definen ante sí mismo y le dan IDENTIDAD, a partir de la cual podrá ya identificarse con otros semejantes y formar COMUNIDAD.
Viéndolo bien, se trata de algo paradójico desde el principio, pues ¿cómo aceptando una definición ajena, arbitraria, puede saberse quién se es y actuar en consecuencia?
Es un punto de partida equivocado, sin duda, que además no tiene por qué tomarse, por más que parezca de sentido común (self-evident) o así lo haga -irreflexivamente- la mayoría, sino compararlo con otros que también son y han sido posibles, pero que suelen quedar fuera de la vista, sea o no por intervención ajena.
Recapitulando, la imagen que tenemos de la religión es la de una construcción dogmático-corporativa en la que tienen que aceptarse como verdades absolutas y trascendentes -es decir, más allá de la comprensión humana- lo que quizá no sean más que opiniones al vuelo, prejuicios, falsas certezas y hasta invenciones delirantes de no se sabe quién, pero que fueron acendrándose dentro de un cuerpo social jerarquizado cuyos beneficiarios últimos, en virtud de su posición en la escala de poder, han logrado imponer como principios inmutables en la conciencia de sus subordinados.
Pero hay otras construcciones posibles, más directas y espontáneas, amigables y “naturales”, que pueden cumplir esa misma función, esencial para algunos, sin comprometer gravemente la propia identidad inmanente, empírica de la persona, que le permite ser y expresarse como siente ser y a la vez conseguir sus propios objetivos, no los ajenos: una opción lírica mejor que épica, en la que tiene que enajenarse en aras (“altares”, literalmente) de la Divinidad, que en los hechos no es otra cosa que la casta de quienes se dicen Sus representantes, como queda patente en el difundido equívoco de llamar “teocracia” a lo que no es sino “clericracia”, algo humano, demasiado humano.
Entrando al tema, el desarrollo histórico de (la) WICCA, una expresión particular del (neo)paganismo contemporáneo de apenas 70 años de existencia pública, muestra palmariamente la posibilidad práctica de conservar un equilibrio más o menos estable entre INDIVIDUALISMO (la bête noir de las religiones corporativas) y la comunidad. Un equilibrio problemático, conflictivo -como no podría ser de otro modo-, pero que suele hacerlo posible la negociación entre las partes.
Se trata sin duda de un… ¿qué digo uno?, muchos, muchísimos casos que resulta muy instructivo analizar paso por paso con sus propias peculiaridades, giros tácticos y soluciones que los mantienen en permanente EVOLUCIÓN, adaptándose a los cambios no sólo de época sino a los intereses y necesidades individuales de sus miembros, todo lo contario a las corporaciones religiosas tradicionales, cada vez más pesadas y burocratizadas, insistiendo en un fundamentalismo cada vez menos sostenible, incluso recurriendo a “oportunas” revelaciones y hasta prodigios.
El inmediato interés despertado por el tema wiccano desde su primera aparición pública, ya que se trata nada menos que de traer la MAGIA a la vida cotidiana a través de ancestrales o novísimos medios que van de la adivinación a la magia sexual (en sus más variadas formas), pasando por todos los recursos del ESOTERISMO y el OCULTISMO, supremos tabúes de las religiones corporativas, más su decidido enfoque DIY (“Do It Yourself”), ha dado origen a una abundante investigación erudita, académica (scholarship, en inglés) muy útil a la hora de organizar los propios estudios personales a partir de los también personales motivos que tenga cada uno para hacerlos.
Sólo se requiere de paciencia y tenacidad para dar con el rastro, el proverbial Camino Amarillo que conduce al Mago = Wizard = ¿Wicca? del cuento.
¿Qué les parece a ustedes?
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.































