No nos acostumbremos a callar, porque cada voz es una semilla en el campo vasto del país que construimos todos. Nuestra opinión es el viento que mueve las montañas,
el eco que resuena en los corazones de quienes aún no saben que también son parte del cambio.
Vivir dignamente no es una opción, es un derecho que llevamos tatuado en la piel. Vivir con el optimismo de frente, aunque el cielo se llene de nubarrones, es un acto de resistencia, una chispa que se niega a extinguirse.
No nos acostumbremos a lo que nos quita la sonrisa, ni cedamos ante las sombras que amenazan con ahogar nuestra alegría. Somos más fuertes que el miedo, más tenaces que las tormentas.
Nunca, nunca nos demos por vencidos.
Guillermo Axalco es amante del conocimiento. Considera la capacidad de decretar como una forma de crear y construir.






























