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Brote del centro

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Imagen de Karen/Lyn Nobull en Pixabay

Iluso, seguramente pensaste de mí,
cuando el libreto rompió su engaño,
al fin vi tu rostro, el disfraz se esfumó,
la puesta en escena cayó hecha trizas,
se fue por la coladera,
llevando consigo a quien fui sin saberlo.

Quedó atrás la sombra de un yo pretérito,
aquella versión perdida en el pasado,
donde el silbido no era más que ondas,
sumas y restas sin sentido,
la sonrisa falsa que arrastraba mis pasos,
las ínfulas vanas que ocultaban mi ser.
Ahora soy el fruto que el tiempo ha madurado.

Fue el tiempo quien parió en silencio
un ser más sensible, más mío,
sin arrebatos que me ataran a sombras,
sin la urgencia de la dependencia,
desperté a la luz de lo innegable,
y en ella, hallé la libertad de lo eterno.

Ya no más las cadenas invisibles,
ni las palabras que solo flotan,
me vestí de la verdad que arde,
y en su fuego me purifico,
soy aquel que brota en su centro,
donde ya no existe el miedo al olvido.

Las cicatrices son faros en la distancia,
guían mi camino entre sombras y luces,
no necesito otra certeza que esta:
el silencio con el que me miro,
la paz que nace desde dentro
y me encuentra, entero, bajo la luna.

Tu recuerdo, apenas un susurro en el viento,
se aleja con los fantasmas de otros días.
Vibro más alto en cada latido nuevo,
en cada paso que afirma mi esencia.
El mundo es vasto, y en su profundidad,
me hundo, sin miedo, para volver a renacer.

Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta