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Yo me acuso y me culpo

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Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Yo me acuso y me culpo
por no alzar la voz suficiente
ante quienes guían sin rumbo,
ante maestros y directivos
que olvidan el deber silente.

No basta llenar de palabras
el espacio de un aula fría,
ni cumplir con el temario
como si fuera un trámite,
cuando el alma del joven dejamos vacía.

Frente a ellos, durante horas,
semestre tras semestre, pasa,
pero, ¿qué les he dejado?
¿Un eco de lecciones vagas
o un germen que en su ser arraiga?

No hay más,
si solo el saber es lo que importa.
Es formar seres completos, más bondadosos, más éticos,
capaces de ver en el otro
el reflejo de un mundo incierto.

Les pido que al cumplir su deber de formadores
no se limiten a la palabra escrita,
pues el ejemplo arrastra,
siempre,
y el joven observa y asimila
qué clase de ser le guía y le habita.

Me acuso como máxima autoridad,
y me culpo por no alzar
el estandarte de formación,
ante quienes, con manos quietas,
olvidan que enseñar es un arte
y guiar es forjar corazones de fuego.

No basta con llenar el tiempo,
no bastan palabras huecas,
no es un número lo que buscamos,
sino seres que enfrenten la vida
con bondad, ética y propósito,
propósito eterno.

Cada hora frente al grupo es un voto,
un juramento sagrado y vivo
de moldear no solo mentes,
sino almas que sientan el peso
del mundo que, roto, les espera.

¿Qué legado les dejo en sus manos?
¿He plantado la semilla justa
o solo he pasado la antorcha apagada,
en un desfile sin alma ni lucha,
mientras la sociedad se desgarra?

Por eso, os imploro, maestros,
no dictéis solo palabras frías,
sed llamas que enciendan la mente,
y ejemplo que el joven siga,
pues solo así, cabales, se eleva la vida.

Y en la cima del deber cumplido,
veremos al joven alzarse
como un faro en la niebla densa,
y en su corazón, el eco vivo
del ejemplo que supimos dejarle.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta