Tamara
en el tiempo se disuelven las promesas,
más de siete años de palabras
y falsas certezas.
A través de pantallas forjamos fantasías
donde tu cuerpo y tus labios eran solo poesía.
La inteligencia artificial,
tan ajena a lo real,
nada puede compararse a verte,
tocarte,
sentirte,
sabotearte.
Al final,
por fin llegaste a mi vida en carne y presencia,
y las palabras se hicieron aire,
surgió la diferencia.
No eres la mujer abierta que yo imaginaba,
más celosa del pudor que del fuego que ocultabas.
Atrapada en hormonas,
en normas y entrañas,
¿dónde quedó la pasión de tus palabras tempranas?
El sexo, dijiste, ya no era tu afán,
pero en mis manos el deseo volvió a brotar.
Con paciencia y con arte,
mis besos te hablaron,
y en nuestro abrazo desnudo los silencios callaron.
Sentí tu cuerpo ceder en gemidos callados,
y uno a uno, en orgasmos,
los placeres se desataron.
Fluyó el deseo en besos y piel,
abrazos cálidos desbordaron,
hasta escucharte temblar, entregada en mi ser.
Así fue, así te sentí,
Tamara de mi vida,
entre pasión y temores,
como si el tiempo borrara antiguos dolores.
Retrocediste a los veinte
en esos momentos de entrega
donde los años y el pudor ya no tienen reglas.
Fuiste mi placer sin igual,
increíble verte rendida,
entre la mujer que fuiste
y la que creías escondías.
Pero en mis manos tu piel renació,
en un encuentro donde el deseo nos despertó.
Y así, Tamara, entre palabras y silencios,
se desdibujaron los años,
se fueron los miedos
y todos tus recelos.
Nos encontramos al fin
sin máscaras ni espejismos,
solo tú y yo, cuerpos y almas sintiéndonos vivos.
En ese instante eterno,
fuimos más que deseo,
fuimos verdad desnuda, piel y anhelo,
sin promesas, sin pretensiones de eternidad,
solo el calor de sabernos juntos en una pura realidad.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta
































