No me pidas perdón en palabras huecas,
esas que se rompen antes de salir de tu boca;
ya no hay espacio en esta herida abierta,
ni brecha en mis manos para recoger
lo que queda de tus promesas rotas.
Déjame en el silencio que tú construiste,
ese muro invisible que llamaste amor,
y que en la sombra, despacio, levantaste.
Ahora es mi refugio y mi castigo,
la prueba de que el olvido también quema.
Perdón es una palabra frágil, desgastada,
un velo inútil sobre la traición que marcaste.
No me pidas quitar las cadenas de tu engaño,
ni que cure la herida que dejaste en el pecho
con un susurro suave que no sabe a verdad.
Llevo en mí las cicatrices de tu ausencia,
las marcas profundas de una historia falsa.
Si algún día vuelves con disculpas frías,
serán espejos que se rompen al mirarte,
cristales que cortan lo que de amor quedaba.
No me pidas perdón, déjame con mi placer,
con esta verdad amarga que se hizo mi aliada.
Me quedaré aquí, en el hueco que alguien más ya ocupó,
sin esperar más palabras que sanen,
sin pedir nada, solo el silencio que corresponde
y la alegría que ya toca a mi puerta.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























