Ayer, entre versos y voces al aire,
una crítica llegó con gesto altivo.
Decían que mi poesía era ridícula,
que mis palabras eran un juego furtivo.
¿Ridículas? Tal vez, pero siempre vivo.
Quizá a la dama que canté en mis rimas
era cercana al corazón del que juzgó,
o tal vez celos en su pecho latían;
mas el arte nunca teme al error,
su fuerza radica en quien lo soñó.
La discusión fue un río que nos bañaba
con elogios y risas de quienes miraban.
“Si es ridícula”, dijo una voz lejana,
“que siga escribiendo lo que su alma llama;
pues ridículo es quien al arte no se abra”.
Así entendí que no hay verso perdido,
que la pluma jamás debe acobardarse,
que escribir es luchar contra lo no dicho,
tejer sentidos donde otros quieren callarse
y vestir al silencio con su mejor traje.
Porque no hay peor poema,
ni peor destino,
que aquel que queda atrapado en el abismo,
sin voz, sin alas, sin su luz divina.
Escribir es crear un puente infinito
y dejar al mundo un latido en palabras por escrito.
Porque no hay peor poema
que el que no se ha escrito,
y dejar al mundo inspiración en su camino.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta





























