“LA PELOTA DE DIAMANTES”
Cuento y dibujo autoría de Constanza Bret.
En el pequeño reino de Chalchihuitl (“diamante” en náhuatl) había una pelota hecha precisamente de diamantes y que era capaz de destruir y rehacer un planeta entero. Todos la querían, pero los chalchihuatlis no la iban a entregar por nada del mundo ya que había sido un regalo de los dioses, quienes les habían encargado protegerla y humectarla, ya que si se secaba pasaría lo mismo en todo el reino.
Únicamente miembros de la realeza tenían permitido verla y tocarla. Ahí es donde toda esta historia comienza y he aquí el por qué:
Los reyes siempre quisieron tener un hijo, ya habían pasado muchos años y no podían conseguirlo. Después de haber hecho hasta lo imposible, lo lograron. Por petición del reino lo nombraron Fausto. Creció rápidamente y era físicamente y en forma de ser muy parecido a sus padres: pelo castaño, ojos azules, muy amoroso y noble. Era muy juguetón con todo lo que veía, incluso hasta con la pelota que era muy valiosa.
Mientras los monarcas dormían, él iba y jugaba en el bosque abandonado. Lo que no sabía es que estaba en esa condición porque ahí era la división entre reinos y que prácticamente la mayoría le pertenecía al de los tochtli (“guerrero” en náhuatl). Ellos que eran malvados siempre observaban a Fausto, esperando a que por error o por descuido en algún momento se metiera más profundamente al bosque.
Y llegó ese momento: un día los temibles guerreros decidieron ir a atacar al pequeño niño, ya que llevaba la pelota y se había introducido a territorio del bosque que al reino de ellos les pertenecía, por lo que Fausto se veía demasiado desprotegido.
Él tenía un truco guardado bajo la manga y era que con un silbatazo podía hacer que todos los guerreros chalchihuatlis fueran rápidamente a donde estaba; eso fue gracias a sus padres que lo querían proteger y no siempre podían estar con él, ya que tenían muchos deberes y también responsabilidades, propios de lo que involucra ser rey.
Los guerreros de la tribu tochtli decidieron ir sobre Fausto al mismo tiempo, menos uno que optó por esperar. Lo hicieron sigilosamente y se lanzaron a atacarlo muy ferozmente. El niño, que tenía la pelota en sus manos la soltó atrás de él y rápidamente agarró su silbato, pero uno de los malvados se lo quitó y se lo rompió en pedacitos para que no pudiera llamar a los guerreros chalchihuatlis.
En relación a la pelota tan codiciada, el último guerrero tochctli en salir la agarró y se echó a correr con ella. En ese instante todos los demás se fueron y Fausto, quien no se había dado cuenta de dicha acción, se quedó extrañado hasta que notó que se la habían llevado.
En un principio no le tomó tanta importancia, pero al ver a sus papás tan estresados fue cuando se empezó a preocupar. Lo que lo terminó de convencer fue que ellos comenzaron a buscar la pelota de diamantes en cada rincón de su castillo, así que decidió escaparse para recuperarla, ya que en el fondo sabía que había sido su culpa. Así que se preparó para salir en la noche en cuanto sus padres se durmieran.
En el momento de irse dejó una nota diciendo que se iba porque había cometido un muy grave error, ya que había perdido la pelota de diamantes y no podía tolerar que por su culpa sus padres y el ejército chalchihuatli tuvieran que enfrentarse al del otro reino, por lo que prometía llevarla de vuelta al castillo.
Se marchó rápidamente y de manera silenciosa para no ser visto recorrió con mucho cuidado el abandonado bosque hasta llegar al otro reino. Como era pequeño logró meterse por los conductos del castillo y por una pequeña rejilla pudo ver la pelota. Trató de romperla con todas sus fuerzas, pero por más que lo intentó no pudo.
Al haber golpeado tanto dicha rejilla, se activaron todas las alarmas y vio a un guerrero que su padre había mandado permanentemente de infiltrado haciéndose pasar por tochtli para poder conocer todos los planes que tenían y todo lo que hacían. El guardia, quien había notado la presencia de Fausto, le dijo a los demás que no había nadie, ni nada, pero que se iba a quedar a vigilar.
Enseguida fue a donde estaba el niño y le dijo que esa era una pelota falsa, ya que la verdadera se encontraba en un lugar con la más alta seguridad y que todos los reinos tenían una base prácticamente igual por si la original llegaba a su posesión, así que la de los tochtils era igual a la que tenían sus padres en el castillo. Fausto le dijo que sabía abrir esa puerta sin usar la llave, ni activar la alarma. El guardia le comentó que lo llevaría a donde se hallaba la pelota y le advirtió que debía tener mucho cuidado para no ser descubierto; en cuanto le indicó dicho lugar, se fue a seguir vigilando.
Una vez que el niño abrió el compartimento en donde se encontraba resguardada la pelota, la agarró y salió corriendo. En ese momento todos los guardias llegaron, incluso el infiltrado, quien en vez de detenerlos les ordenó que lo atraparan. A punto estuvieron de conseguirlo, pero la velocidad y audacia de Fausto lo ayudaron a escapar sano y salvo.
El pequeño notó que había guardias por todas partes, así que corrió rápidamente y con mucho cuidado al castillo donde vivía y llegó a donde estaba su papá. Al verlo tan preocupado, fue rápidamente a abrazarlo. El rey chalchihuatli le preguntó que a dónde se había ido, por lo que Fausto le contó todas sus aventuras.
El monarca le dijo: “me alegra que estés bien porque tú eres mi mayor tesoro en este mundo y en una noche oscura tú eres quien me puede iluminar mi rayo de luz. Sólo te pido que no por jugar sin querer que nosotros que somos tus padres y quienes te amamos tanto, nos enteremos y pongas en riesgo tu vida, la nuestra y la de todos los demás“.
FIN.






























