No soy Salomón, ni reino he tenido,
pero un fuego antiguo arde en mi piel.
Tal vez su sangre en mí ha renacido,
o es solo el deseo que grita en mi ser.
Mil labios busqué en noches doradas,
mil cuerpos ardieron bajo mi sol.
Pero al alba dejo sábanas desoladas,
quedando el eco de un ansia mayor.
¿Será la pasión un hechizo divino,
o el hambre de damas de loca pasión?
Tal vez mi destino es andar el camino,
dejando en besos mi dulce calor.
No es solo el placer lo que el alma implora,
es la melodía de amar sin canción.
Que sean mil cuerpos, que sean mil horas,
mi sed persiste, mi anhelo es letal.
Porque el deseo no muere en la carne,
es un incendio que nunca se apagó.
Ni mil abrazos podrán calmarme,
si al final, el lecho vacío quedó.
Soy Casanova, errante y ardiente,
amante de sombras, esclavo del sol.
Y aunque mil besos rocen mi frente,
aún en mil labios busco el amor.
Soy rey sin corona, mi reino es la piel,
mis besos decreto, mi ley es ardor.
Mas nada sacia mi sed insaciable,
ni en cien mujeres, ni en todo el amor.
Tal vez castigo sea este deseo
que nunca se duerme,
que nunca murió.
Pues busco en cada caricia, en cada beso,
un alma gemela que el cielo olvidó.
Y así sigo errante, con ansia infinita,
conquistando labios, robando pasión.
Mas cuando la noche mi lecho visita,
aún lloro a solas mi propia prisión.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























