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Carta abierta al Magistrado Electo Santiago (José) Vázquez Camacho y otros (como él)

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Imagen: Ray_Shrewsberry en Pixabay

Por: Hiram A. Cervantes. Escritor y litigante mexicano.

Cómo Usted sabe, le conozco únicamente por su campaña en redes. Durante el periodo de campaña para la elección judicial, fui testigo de decenas de publicaciones ridículas que vulgarizaron la necesaria y honorable labor de juzgar y dar justicia. Y con profunda decepción, vi a grandes juristas rivalizando con aspirantes cuya oferta consistió en chistes y compararse con un chicharrón.

Me entristeció el ver truncadas notables carreras de nobles juzgadores que sacrificaron tanto en silencio y con discreción, con la integridad taciturna de quien cumple un deber y un servicio a la ciudadanía. A muchos los conocí al calor de duras discusiones y les vi soportar toda clase de adversidades, incluyendo las invitaciones de corrupción de abogados indignos; muchos se ganaron mi respeto, no al darme la razón, sino al negarmela con contundentes y creativas razones, blandiendo el derecho como la espada que separa lo correcto de lo incorrecto e inaceptable; unos pocos hasta los llegué a admirar (confieso abiertamente mi admiración al Ministro Laynez y al ExMagistrado Mota Cienfuegos del Tercer Tribunal Colegiado en Materia Civil del Primer Circuito).

En contraste, en la campaña, vi mucho bufón (o peor, respetables que tuvieron que hacerse bufones) y nauseabundas ridiculeces que sentí como una burla a mi profesión y una afrenta injusta a la ciudadanía; particularmente, me topé con una de sus publicaciones y no me dejará mentir en que le expresé lo siguiente: “Santiago, si llegas al puesto, no sé cómo te voy a tener respeto”. Y eso es un pensamiento que tengo para todos los juzgadores electos (sobre todo cuando fueron pocos los juzgadores de carrera electos, hasta donde conozco).

Como lo expresé en mensaje privado, soy un joven litigante; tengo más de 10 años dedicándome a ejercer ante jueces, magistrados y ministros. Y esta elección me ha hecho cuestionar mi profesión porque, si bien el sistema judicial establecido a fines del siglo XX tenía múltiples defectos y aberraciones; coincido con la opinión general que califica esto como un retroceso. Mientras ejercía la ley, tuve múltiples alegatos que fueron escuchados; encontré justicia en medio de este país que respira corrupción; pude obtener remedio y reparación a toda violacion ejerciendo los recursos que me proporciona la Ley. Quizá no todas las sentencias me fueron favorables; pero existía la suficiente certeza en la aplicación de la ley que me permitió navegar con confianza el sistema judicial, dando calma y confianza a mis defendidos.

Ahora, veo con amargura que los tribunales y juzgados en México son más vulnerables que nunca ante la corrupción, que incluye la incapacidad de un juicio imparcial; tan sólo basta ver los perfiles seleccionados en la Suprema Corte de Justicia de la Nación para confirmarlo. ¿Quién puede sostener la imparcialidad de la Corte cuando fueron perfiles seleccionados por el partido en el poder, cuando sus convicciones y opiniones son públicas y se han expresado fuera de sentencia?

Mi único consuelo y esperanza radica en personas como Usted; tampoco me dejará mentir en que le pregunté sobre sus resultados y le felicité directamente al enterarme de su triunfo electoral. Comentamos sobre el deber que implica y los retos que tendrá en frente. Y destaqué que ahora tales puestos son democráticos, siendo del escrutinio público y, como ciudadano que soy, estoy en pleno derecho de exigir su rectitud y cumplimiento del deber. Es por eso que dirijo la presente a Usted y a sus semejantes.

Al ver su perfil, me queda claro que Usted no es un magistrado “chicharrón”, que tiene una carrera y seguramente sus experiencias previas le han preparado para afrontar el peso de esta responsabilidad, aún en estos tiempos de incertidumbre sin precedentes. Es por eso que esta misiva se la dirijo; porque no habrán oídos para mí ni para los ciudadanos desde los puestos de jueces, magistrados y ministros que ha impuesto el poder, porque veo muchos improvisados que no tendrían la capacidad de navegar esta responsabilidad con éxito y porque sigo creyendo que podemos caminar hacia un México prospero y justo para todos, no importando opiniones políticas ni orígenes. A pesar de las adversidades presentes, de la destrucción de las instituciones por parte de un partido hegemónico y ya autoritario (pues también se han debilitado medios legales como el amparo), no me queda más que depositar mi esperanza en perfiles como el suyo y estar atento con la expectativa de verlo triunfar, haciendo valer la ley y la justicia en el tribunal al que se integra, o reclamar su falta.

Concluyo reiterando mis felicitaciones y esperando que encuentre en esta misiva a un abogado preocupado por el destino de la justicia en su país y comprenda mis motivos; pero, también uno que sabe reconocer cuando sus dudas y cuestionamientos no estaban bien dirigidos. Magistrado Santiago, le respeto y le deseo éxito en su encargo, por el bien de todos. En perfiles como Usted radica nuestra esperanza de un México justo, hoy más que nunca.

Hiram A. Cervantes. Escritor y litigante mexicano