Algunos vecinos del barrio lo señalan como autor de travesuras, pequeños robos y actitudes sospechosas. Lo que yo sé, es que “Chino” fue y será mi amigo desde el primer día en que llegué a vivir a Yaxcabá.
Josué o el “Chino”, como se le conoce en el pueblo, tiene 11 años y padece una malformación congénita en su sistema digestivo, razón por la cual ha vivido toda su infancia conectado a una bolsa sanitaria para colectar sus evacuaciones.
Su madre murió poco después de su nacimiento.
Su padre rehizo su vida con otra pareja y en su nuevo esquema familiar,“Chino” tiene poca participación. Todo lo que el hombre gana conduciendo un destartalado mototaxi, lo gasta de inmediato en caguamas, marihuana y “piedra”.
La abuela de Chino trabaja como empleada doméstica en la ciudad capital y es quien recibe y gasta el dinero que el gobierno federal otorga al niño como apoyo por su situación de discapacidad.
Josué permanece solo casi todo el tiempo.
Se refugia dentro de un tinglado ruinoso y duerme en una hamaca deshilada y sucia, sin agua para beber o para bañarse, alimentándose de lo que ocasionalmente le regala su madrastra o de la caridad de algunos vecinos.
Durante “los calores” era una costumbre recibir a Chino en mi casa, el sabía que al menos podía contar con un vaso de agua fresca, un rato de conversación y eventualmente, según el estado de mi economía, comida o algunos pesos para comprarse un pan.
“Chino” iba a mi casa por un poco de agua y yo le ofrecía algunos consejos: “pórtate bien, estudia, no robes, no te drogues”, esos intercambios de agua por consejos quizás sólo eran nuestro pretexto para no estar solos, para hacernos compañía en aquellas tremendas tardes veraniegas en Yaxcabá.
Se le puede ver caminando por las calles escuchando música desde su reproductor MP3. “Chino” ama la música y prefiere los géneros tropical, banda, rap y freestyle y tiene especial gusto por las letras con temáticas gangsteriles.
Creo que a Chino, como a mí, la música nos salva de nuestra realidad y hace las jornadas mas llevaderas.
Ya sea compartiendo alimentos, conversando acerca del Buddha, meditando juntos, prestándole mi bicicleta para el festival de primavera o compartiendo un vaso de agua fresca, “Chino” fue el ángel que siempre me recordó la deuda que tenemos con seres buenos y nobles, seres humanos que sólo piden un poco de atención, aceptación y amor.
Un día, al inicio de mi estancia en Yaxcabá, “Chino” me preguntó: “maestro hippie, te vas a quedar a vivir aquí para siempre”… no supe qué decir: “por ahora si”, alcancé a responder, sin embargo la pregunta del niño me dejó frío: ¿Qué significa “para siempre”, cuando tienes más de 50 años?.
A partir de la pregunta de Chino, caí en la cuenta de que tengo muchos años ya vividos y que me quedan muy pocos por vivir. Espero que aun los pueda vivir luminosamente.
Sé que algún día nos volveremos en encontrar, querido amigo Chino.
“Vaya biem”.




























