
Espíritu de Hímero, dulce hechicero,
has sembrado en mi cuerpo un fuego ardiente.
Tu llama se aviva en mi alma, eternamente
y ahora soy prisionero del deseo.
La lujuria se ha hecho carne en mi piel,
y, aunque busco refugio en sombras lejanas,
me persigues, me bañas con aromas de laurel,
y yo no encuentro cómo saciar estas ganas.
Tu mirada, como flecha me atraviesa,
y mi cuerpo es tu altar, sagrado y fiel,
el deseo es el viento que me embriaga
y ya no soy dueño de mi propio Ser.
Cada orgasmo es un canto que elevo,
en esta danza de sensaciones cálidas
me ahogo, me entrego, me pierdo
para luego buscar más alimento.
Este placer, sin origen ni frontera,
me consume y me eleva al infinito
y en la espiral de tu furia que exaspera,
me resigno a cumplir siempre tu condena.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























