Por Enrique Canchola Martínez
En México, un país que sigue enfrentando desigualdades y luchas por justicia social, el Padre Samuel Mora Castillo de La Moncada Guanajuato, es un faro de luz y semilla Reflexiva a doce años de su partida. Su vida, es testimonio de que la espiritualidad verdadera no se aleja del dolor humano, sino que lo abraza y lo redime. Su legado no pertenece solo a los creyentes o a los habitantes de Atrapexco y Huejutla, sino a todo México: a quienes creemos en la posibilidad de convivir en un mundo más justo, más humano, más fraterno.
Origen
Chame, como lo llamaba en forma amistosa Pomposo Canchola, es originario de nuestra Moncada, Guanajuato, nacido el 11 de noviembre de 1943, cuya vocación sacerdotal lo llevó a convertirse en un auténtico luchador social y defensor de los campesinos en la región huasteca. La historia del Padre Samuel Mora Castillo, es testimonio vivo de cómo la fe, cuando se encarna en el sufrimiento del pueblo, se transforma en acción liberadora. Este es el caso del Padre Samuel, luchador incansable y valiente de las profundas desigualdades sociales, su vida y obra trascienden los límites de lo religioso para convertirse en símbolos de lucha, dignidad y esperanza.
Un llamado desde la raíz
Desde muy temprana edad fue llamado por Dios para servir como pastor, fue a la escuela parroquial instituida por el Padre Odilón Ambriz de la Moncada, Guanajuato, donde terminó la educación primaria, posteriormente se fue a Morelia a seguir estudiando en el seminario Guadalupano, y al cierre de este fue trasladado a Huejutla con todos sus compañeros, en los que se encontraba otro ilustre sacerdote, José Hugo Moncada Vera, contemporáneo suyo y también originario del mismo lugar.
Por su gran desempeño académico fue enviado a estudiar al centro Montezuma en los estados Unidos donde estudió filosofía, sociología y psicología, desde su llegada a Hidalgo se interesó por la lengua originaria de esa región, la cual llegó a dominarla a tal grado que se convirtió en profesor de la lengua náhuatl. Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1969 en Chapulhuacán, Hidalgo.
El Padre Mora no se conformó con el papel tradicional del clérigo encerrado en los muros del templo. Al contrario, su compromiso pastoral se enraizó profundamente en las necesidades y luchas de las comunidades que acompañó. Ejerció su ministerio en el Centro Pastoral del Sagrado Corazón de Jesús en Huejutla, Hidalgo, donde pronto se destacó por su sensibilidad social y su cercanía con los sectores más marginados gracias al dominio de la lengua originaria. Cabe mencionar que su dedicación y su inteligencia y dedicación comprometida, lo llevó a ser nombrado director y rector del Seminario de Huejutla Hidalgo.
Con la inspiración del Concilio Vaticano II y con la colaboración de los padres Pablo Hernández y José Barón Larios, funda del Centro Pastoral de Atrapexco, lo que les permitió concebir la misión de la Iglesia como una extensión de la justicia y la dignidad humana. El padre Samuel o “Chame” como lo conocemos en la Moncada, No predicó un evangelio abstracto, sino un evangelio profundamente encarnado en la vida diaria de los campesinos, indígenas y trabajadores. Su voz se alzó contra los abusos del poder, contra la opresión sistemática, despojo de tierras y la pobreza estructural que castigaba a la Huasteca. Esto, sin duda, le valió la persecución del gobierno mexicano, en una época donde los curas comprometidos con las causas populares eran vistos como agitadores.
Un profeta perseguido
En un país donde la complicidad entre el poder político y económico ha sido constante, la presencia de un sacerdote que defendía los derechos de los campesinos, que exigía justicia agraria y que denunciaba la explotación, resultaba incómoda. Como otros tantos profetas sociales latinoamericanos, el Padre Samuel Mora fue blanco de amenazas, hostigamientos y vigilancia. Pero nunca se retractó.
Su hombría y valentía no era arrogancia, sino fruto de una profunda espiritualidad basada en la figura de Cristo pobre, encarnecido y crucificado. No buscaba protagonismo ni gloria personal: buscaba que los pobres fueran escuchados, que la tierra fuera repartida con justicia, que el campesino pudiera sembrar sin miedo y vivir con dignidad.
Legado de amor y resistencia
El 26 de abril de 2013, el Padre Chame partió de este mundo, dejando un vacío profundo en sus amigos familiares y feligreses, pero también una semilla sembrada en lo más hondo del alma de la Huasteca. Cada año, los habitantes de la región lo recuerdan con cariño y gratitud, no solo como un sacerdote, sino como un padre espiritual, un compañero de lucha, un amigo. Su memoria vive en las celebraciones que conmemoran su vida, en las oraciones que llevan su nombre y en las causas que aún hoy se sostienen gracias a su ejemplo.
Más allá de los homenajes, su figura representa un modelo de Iglesia comprometida, de aquella que no teme ensuciarse los pies en los caminos polvorientos, que defiende al pobre no desde el púlpito sino desde la trinchera. El Padre Samuel Mora Castillo nos deja el ejemplo de una fe viva, de una esperanza militante, de un amor al prójimo que no se conforma con consolar, sino que transforma. Por todo ello el padre Chame lo queremos, admiramos y lo extrañamos en nuestra linda Moncada Guanajuato.
Enrique Canchola Martínez 06 de septiembre de 2025




























