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Extraños comportamientos políticos

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Imagen de autor Evyaa en PIXABAY

– La Historia Jamás Contada –

Dentro del terreno de lo extraño, hay cosas o fenómenos que, por ser tan conspicuos, no caemos en la cuenta de lo ilógico de su persistencia o manifestación en lo que consideramos natural, cotidiano, rutinario hasta que inesperados cambios en el aparentemente estable devenir de los acontecimientos que dan el tono general o mainstream (corriente principal) de una sociedad, nos llevan a sospechar una posible interdependencia.

Es lo que ha venido sucediendo de unos años acá en países que considerábamos modernos o avanzados por el grado de libertad personal de que gozaban sus habitantes, pero que de pronto, por decreto (executive decision) de sus Gobiernos, queda gravemente acotada sin que los particulares puedan hacer otra cosa que quejarse o protestar -aunque a veces ni eso- ante la aparente omnipotencia de tan temida entidad estatal.

Aquí es donde las cosas se ponen interesantes desde el punto de vista teórico, pues los Gobiernos están formados también por humanos, con las mismas capacidades pero también limitaciones inherentes a la especie. ¿Cómo es entonces que pueden IMPONERSE al resto de sus semejantes?

Esta es la pregunta que yo me hacía hace casi 60 años, cuando el Gobierno mexicano abusó criminalmente de su poder, dejándonos estupefactos a todos, siendo el punto de partida de mi malicia -como entendemos la palabra en español- política, que me ha llevado a estudiar formal y multidisciplinariamente el aspecto del Poder político responsable del aire de Misterio que fascina -inmovilizándolos, hay que decirlo- a tantos, empezando por periodistas y otra gente informada: sí, la Sociología política también se ocupa de misterios, aunque en este caso de los  humanamente generados.

Ya entrando en detalle, observen al sujeto que ahora mismo los informadores profesionales de los medios califican como “el hombre más poderoso del Mundo” (!) y notarán que se trata de un individuo bastante mayor (de edad) y con rasgos oligofrénicos, características que por sí solas lo ponen en desventaja frente a otros más capaces física y mentalmente. ¿Será acaso que posee alguna ignota capacidad sobrehumana que le otorga ese incontestable Poder sobre ellos y la Humanidad toda?

Lo mismo se decía de Hitler y otros tantos tiranos, pero siempre se trataba de atribuciones hechas por otros, cada uno por sus propios motivos, así que por este camino no vamos a ningún lado… Pero si hacemos abstracción de cada personaje particular -incluido el actual- y nos enfocamos en la mecánica entre el supuestamente “todopoderoso” y quienes lo asumen como tal, captamos de inmediato algo EXTRAÑO: ya no es la persona concreta, sino el aura metafísica que la rodea lo que les impone y los deja anonadados. Y viene la pregunta: ¿Es un aura que irradie la propia persona o tiene un origen impreciso? Se trata de lo que el comentarista común llama un “personaje carismático”, sin tomarse la molestia de verificar si realmente lo es o sólo se le atribuye (¡otra vez!) serlo. (Aunque en este punto ya no importa si está tocado realmente por (un) Dios o “tocado” a secas: el resultado es el mismo.)

Vemos entonces crecer en torno al sujeto una maleza de boquiabiertos creyentes que le dan un Poder efectivo a través de su influencia conjunta, creando una presión masiva sobre los incrédulos: estamos frente a un fenómeno (para)religioso y no POLÍTICO, pues la Política funciona en base al cálculo… de conveniencias, hasta eso: éste me conviene, éste no, etc.

De esta sacralización de la Política proviene nada menos que el elemento impulsor (drive) del FASCISMO, al ser la masa fanatizada la que impone contra toda razón o consideración propiamente política a su líder ahora deificado, como el Gobernante por antonomasia. Lo demás es parafernalia -escenarios, atuendos, fetiches, ceremonias- y PROPAGANDA.

Así es como sociedades más o menos secularizadas y democráticas se convierten de golpe en remedos anacrónicos de monarquías o incluso teocracias, con todos los inconvenientes que la mutación acarrea del pasado hacia el presente, como lo vemos ahora con preocupación.

Por eso hay que tener cuidado con la inclusión de objetos de poder -mágico o religioso-, como los “bastones de mando”, por ejemplo, en la función pública: la Magia y la Religión tienen sus propios espacios, que no conviene se mezclen con el de la Política, POR EL BIEN DE TODOS. (¡Ah!, ¿verdad?)

¿Qué piensan ustedes de esta reflexión, amables lectores?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.