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Sarahí Jarquín y una leyenda veracruzana hecha poesía

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Por: BrendaCarol Morales

Transformar una leyenda en poema requiere, no solo conocimiento histórico, sino también un magistral empleo de la palabra.

Esta semana me complace presentarles un poema de la autoría de Sarahí Jarquín Ortega, quien es una escritora mexicana de gran trayectoria, quien, además, es integrante del equipo de Poesía Lunar.

Sarahí nació en Oaxaca, aunque en la actualidad vive en Puebla. Sus conocimientos y desempeños son muchos y muy variados: docente, periodista, analista cultural, locutora y conductora de programas de radio y televisión, instructora de yoga, etc. Ha escrito varias novelas: Un rayo de luna para la princesa, Un héroe extraviado (BUAP, 2016 y 2023), Todos los caminos son nuestros y Deliberada extravagancia (Ediciones Del Lirio).

Sin duda, nos encontramos ante una autora de talla internacional que ha presentado su obra no solo en México sino en Colombia, Uruguay y Alemania, además se ha hecho acreedora a muchos reconocimientos y distinciones. Por otro lado, puedo decir que es una excelente anfitriona y una compañera excepcional, con un corazón del tamaño del mundo.

El poema está incluido en la VI Antología Internacional de Poesía Sabersinfin. Habla sobre una leyenda que, en efecto, forma parte de la herencia colonial americana porque también en Guatemala conocemos a esa mujer que, perseguida por la Inquisición, logra escapar de su prisión a bordo de un barco que dibujó en la pared.

Por supuesto, con maestría, Sarahí Jarquín da nueva vida a la leyenda en un poema de versos potentes y musicales. El ritmo que le impregna hace vivir la historia y dejarse envolver por los gritos de ¡bruja!, ¡bruja!, para sentir con emoción triunfal que logra escapar, arrastrando en su huida a un hombre enamorado.

El mar y sus leyendas

Sarahí Jarquín Ortega

Veracruz, en vaivén salado
se mecen leyendas, secretos eternos
de tu milenaria esencia.

Allá en alta mar, la luz de tu faro
refleja en las aguas su somnoliento giro.
Un barco antiguo, con carga incesante
inclina la popa, las maderas crujen.
Las viejas quillas sostienen rutilante luz,
adentro, entre humo y niebla,
marineros exhaustos, entre sombras ominosas,
y figuras espectrales, viven enigmáticas leyendas.

Es media noche, nada el cansancio en silencio.
Un lánguido grito de dolor irrumpe el sueño,
valientes hombres luchan con crestas saladas,
pretenden salvar angustiados cuerpos
de niños que se ahogan.
La Llorona, lleva su llanto al mástil
que a salto de pernos doblegó las velas.
Entre rugido de olas y siluetas macabras
se perdió el equilibrio del barco.
Aquel grito lastimero se volvió torbellino
y retornó al mar.

 
Cada noche, la tripulación en vida eterna,
no mira despuntar en alborada un nuevo día.
La densa niebla oculta el misterio.
Cuán lejos, ha quedado la luz de bienvenida.

 
¿Cuándo la tripulación abordó aquel navío?
nadie lo sabe, pero ahí están,
como otra leyenda que hoy trae la memoria.
 
En altamar, el infierno arde
en la fuente de energía,
rechinan los goznes en cubierta,
alerones y aletas parecen reventar.
El infierno también arde en plaza de Córdoba
las llamas crepitantes de una hoguera,
esperan a una mulata de belleza lasciva;
«sin derramamiento de sangre»
ordena la Santa Inquisición.
¡Quemen a la bruja! ¡Quemen a la bruja!

Grita la chusma enardecida.
Soledad sonríe, mira de frente a sus verdugos.
En oscuro calabozo, un barco pintó en la pared 
y escaparse pudo.
 
Entre humo de chimenea ardiente,
voluptuosa amante con «pulseras nudo»,
besó a un marinero.
Amarrado a su embrujo encanto,
de oscuridad palpable, subió a la proa,
el viento arrastró a las sombras gimiendo amores
y las perdió en abismos de noches eternas.