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Vivir en poesía

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Imagen del autor MART PRODUCTION en PEXELS

Por: Nancy Almassio (Argentina)

En el nonagésimo cuarto aniversario de la Academia Argentina de Letras.

Todos tenemos la certeza de que, en esta vida, respiramos y nos alimentamos para vivir. Sin embargo, ante la pregunta sobre por qué escribimos poesía, esta certeza se difunde transformada en innumerables respuestas. En prólogo del libro El exilio de las almas expreso: “En ese paraíso donde se exilian voluntariamente nuestras almas, donde las palabras danzan entre níveos velos, es donde se asila lo indecible. Ese lugar es la poesía”. Podríamos decir que, a la luz de esta cita, escribimos poesía porque nos permite elucidar las palabras no dichas en el uso del lenguaje cotidiano, porque a través de la escritura poética descubrimos un nuevo intersticio en el lenguaje, el lugar donde habita el poeta.

Al ingresar al mundo de la poesía, inauguramos un estado poético. Paul Valéry lo define como una sensibilidad esencial para ingresar en este mundo, como ese estado donde la afectividad humana reconoce una extraña intimidad con la realidad. Dice el autor que es un estado en el que pareciera que “las fluctuaciones inmediatas de nuestra sensibilidad general no fuesen percibidas de la manera convencional”. El poeta y filósofo francés agrega que, entramos en estado poético cuando nuestra reflexión satura nuestra existencia y allí, “se alienta la libre actividad espiritual”. La poesía, sería entonces, un estado de libertad. Podríamos decir también, que escribimos poesía para ser libres.

En el libro Poética de la esperanza, se incluye un prólogo a la primera edición donde se desarrolla este tema de la libertad en la poesía: “Quizá nos podrían llamar los locos de la ilusión, locos de honestidad, o tal vez, locos de lealtad a los principios de esa libertad espiritual que nutre el alma”(Almassio, 2024, p, 7). A través de esta cita, advertimos que el poeta, en el ejercicio de la libertad espiritual alcanzada en el estado de inspiración poética excede los espacios sociales para “exiliarse” a un lugar no convencional, un lugar sensible: la poesía.

El poder de las palabras en el género lírico trasciende lo conocido hasta alcanzar lo intangible. En la presentación “Con raíces en el cielo” del poemario El exilio de las almas el prologuista Abel Pérez Rojas expresa que …(las) palabras construyen puentes entre el mundo tangible y aquellos reinos inasibles que solo el espíritu puede habitar. Reconocemos una vez más, que en ese mundo de palabras viven los poetas con su inspiración “a cuestas”.

En Argentina, en una sesión plenaria realizada el 24 de abril de 2025, se nombraron nuevas autoridades en la Academia Argentina de Letras para el período 2025-2028. La mesa directiva quedó conformada de la siguiente manera: Rafael Felipe Oteriño (Presidente), Santiago Kovadloff (Vicepresidente), Pablo Adrián Cavallero (Secretario general), y Eduardo Álvarez Tuñón (Tesorero). La razón de la mención de esta nueva conformación radica en que, considerando la temática del presente artículo, debemos decir que, tanto presidente como vicepresidente de la AAL, son poetas.

En el Boletín de la Academia Argentina de Letras publicado en el 2019, descubro un maravilloso ensayo que lleva como título “El misterio de ser conmovidos por las palabras” escrito por Rafael Felipe Oteriño, en ocasión de ser designado como miembro de número en el sillón Carlos Guido y Spano. En él, el ahora presidente de la AAL, analiza el lugar de las palabras en el mundo de la poesía.

El poeta argentino propone, en “El misterio de ser conmovidos por las palabras”, que se puede descubrir en la poesía “una nueva criatura” producto de un “estado de deseo” experimentado por el poeta en su rol de creador de nuevas significaciones en los fragmentos de la cotidianidad como parte de un proceso de irrupción verbal. En otras palabras, a través de la poesía se pueden descubrir nuevas significaciones de las palabras, un lugar de fe y de sentidos tácitos, desconocidos, donde ingresa el poeta a través de su inspiración creadora.

Oteriño expresa que el poeta encuentra palabras en los silencios: “…el trabajo del poeta está presidido por una predisposición a la escucha de aquello que la vida tiene de indecible y que, en el acto de la escritura, se traduce en el tejido de lazos entre lo diario y lo extraordinario”. En otras palabras, quien escribe poesía, otorga palabra escrita a lo inexpresable, en un pasaje de la lengua hablada a la palabra poética, en la que se incluye lo oculto, lo silencioso, lo omitido como atributo de la poesía.

Recordemos la pregunta inicial, ¿por qué escribimos poesía? Oteriño responde a través de una cita del poeta francés Artur Rimbaud: “para que la poesía guíe a la vida”. Sin embargo, agrega que quizá escribamos poesía “sencillamente, para ser felices”. En este sentido, podríamos pensar que el poeta vive guiado por la poesía en el camino hacia la felicidad. Si consideramos, siguiendo a Oteriño (2014), que la poesía es “puente, como significación y como abrigo”, podemos considerarla también como camino, sentido y hogar para el poeta. A la luz de lo dicho, podríamos afirmar que Vivir en poesía” es transitar la existencia descifrando la trastienda, el lado B, lo que en el devenir de lo cotidiano no se advierte, lo escondido, lo sensible. Vivir en poesía, quizá sea, aprender a escuchar, significar y leer las palabras del alma.

Muchas veces, vivimos en silencio, en soledad, en cautiverio, pero al ingresar al mundo poético este silencio se hace palabra, nuestra soledad se transforma la paz y el cautiverio se convierte en libertad. Por ello, a las respuestas expresadas por el presidente de la AAL Rafael Oteriño, podríamos responder que escribimos poesía porque es nuestro hogar, nuestro mundo de palabras, es el puente que nos permite caminar hacia el descubrimiento de nuestra identidad. ¿Quiénes somos los que escribimos poesía? ¿Qué significa “Vivir en poesía”? En el poema Quetzalcóatl, los versos dicen: “Vivir en poesía/ es desnudar el miedo, /es zambullirse en el vacío, /es navegar los sueños/de convertirse, poco a poco, /en unos versos”. Ser poeta, estimados lectores es, vivir descifrando los silencios, penetrando en los secretos, en ese “algo más” de las palabras. Ser poeta es vivir en poesía.

La Academia Argentina de Letras fundada el 13 de agosto de 1931, recientemente ha cumplido sus primeros 94 años y en Argentina, se llevaron a cabo jornadas conmemorativas en su sede Sánchez de Bustamante 2663, CP1425, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Desde Necochea, Provincia de Buenos Aires, hacemos llegar una salutación a los miembros de número y correspondientes de la Academia Argentina de Letras por el nonagésimo cuarto aniversario de su creación y por último, acercamos un poema donde se reflexiona sobre el concepto de “Vivir en poesía”.

Quetzalcóatl

Vivir en poesía
es dejar que las palabras
jueguen
con la lluvia,
que las gotas resbalen lentamente
por la sonrojada piel de las mejillas.
Vivir en poesía
es perderse en el tiempo,
recorrer el, sin salida, laberinto,
disfrutar, sin los atajos, los senderos,
buscar la luz, sin importar los enredos.
Vivir en poesía
es regalarle colores al día nublado,
dibujar una ilusión en papel blanco,
es abrigar el corazón ante el ocaso
y contemplar el gran desfile de las voces:
voces argentadas,
la voz de la apariencia,
voces celestiales
la voz de la conciencia.
Vivir en poesía
es desnudar el miedo,
es zambullirse en el vacío,
es navegar los sueños
de convertirse, poco a poco,
en unos versos.
Vivir en poesía
más que vivir,
es ser, en el exilio del recuerdo,
con alas de mariposa,
carúnculas rosadas
y plumas hermosas.


Nancy Almassio (2025)

Nancy Almassio es poeta, académica e investigadora argentina. En 2020 obtuvo el primer Premio en el Certamen de Poesía por la Paz organizado por la UNIVERSAL PEACE FEDERACIÓN ARGENTINA con la poesía “Mi paz, tu paz”. Es presidente de la Sociedad de escritores de la Provincia de Buenos Aires Filial Necochea.