El erotismo y la ternura como vías de conocimiento y comunión.
Durante el VII Encuentro Internacional de Poesía Sabersinfin y nuestra estancia en la querida Puebla, tuve la oportunidad de compartir con escritores de varios Estados de México y de países como Argentina, Guatemala y también Chile. Así, conocí a Enrique Fernando, poeta chileno que, como anécdota me contó que durante muchos años trabajó en un colegio llamado República de Guatemala y eso le hizo buscar información acerca de mi país. Por mi parte, viajé hace algunos años a Chile, país al que me une un gran cariño porque mi mejor amiga es originaria de tan hermosa nación. Así que nuestras charlas giraron en torno a nuestros países, nuestro interés por la poesía y, tiempo después, descubrí gratamente que, como a mí, también le gusta escribir poesía erótica.
Enrique Fernando es académico, poeta y escritor con más de veinte publicaciones tanto en Chile como en el extranjero. Reside en la comuna de Concón, V Región de Valparaíso. Posee siete títulos universitarios en el área de la educación y la convivencia escolar. Es participante activo, relator y colaborador en la Universidad de Valparaíso. Además, es miembro del PEN Club Chile e Internacional, así como de la Sociedad de Escritores de Chile.
El poema de esta semana es uno de los dos que publicó Enrique en la VI Antología Internacional de Poesía Sabersinfin:
Amor Eros
Enrique Fernando Muñoz Vega (Fernando Vegamuz)
Estás a mi lado,
cercana al respiro cardíaco,
sedienta de besos
en la cima de nuestro orgasmo,
en la cúspide de rosas perfumadas,
respirando contigo
bajo una fuente de agua íntima.
Y pinto, cara a cara,
un crepúsculo descendido en tu vientre.
Y restauro esa calzada
de deseo consumado
que no tiene distancia ni frontera posible.
Y abrazo tu cintura desprendida
del mapa celestial de Centauro,
porque tu silencio
enciende la pasión de los amantes.
Porque ayer comprendí
tu cansancio tropezando con una luna llena
que rozó tus mejillas en un tejado de vidrio.
Fue tu ternura extrema
que reposaba sobre nuestra cama
y tocó nuestro yo cartesiano sobrecogido:
ese bálsamo perfumado de tus pies desnudos.
Tal como podemos notar, es un poema lleno de erotismo, pero también de ternura. Desde un inicio nos presenta la imagen vibrante de dos amantes que van acelerando sus sensaciones y emociones. En el inicio, la persona amada, en un verso muy sugestivo, está «cercana al respiro cardíaco». Las palpitaciones del corazón se les van acelerando junto con la respiración y la hacen sentirse sedienta de besos. La tensión erótica se sublima cuando, al hablar del clímax, señala que hay rosas perfumadas, justo en ese momento de mayor intimidad y pasión. Con esta metáfora, se pasa del plano meramente físico a uno que suaviza el tono explícito y lo eleva al plano de la belleza. Esa unión de lo físico con la naturaleza y lo trascendente se evidencia en versos como: «un crepúsculo descendido en tu vientre», o «Y restauro esa calzada». También se mezcla con el cosmos cuando hace referencia al mapa celestial de Centauro, en donde se interpreta el cuerpo amado como constelación y territorio del deseo. Así, la entrega entre los amantes alcanza nuevas dimensiones y deja de ser únicamente sexual.
Además, se deja envolver por la ternura del momento de relajamiento y de cansancio. En ese instante, justo, se acompasan y se unen. Él reconoce la vulnerabilidad de la amada, manifiesta cuando tropieza con la luna llena. Allí comprende que todo razonamiento, al cual hace referencia con el yo cartesiano, se sobrecoge por la ternura que ella le provoca, como antes le causó pasión y deseo. Tal como sucede entre enamorados, después de la extrema tensión, la ternura los envuelve en una calma tan profunda y extrema como la pasión. El poema canta a la totalidad del amor humano: deseo, agotamiento, ternura y trascendencia. Así, conduce el erotismo a un plano de conocimiento profundo y comunión entre dos personas.




























