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Hoy me desperté con un hambre distinta

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Foto de Mike Kotsch en Unsplash

Por Salvador Calva Morales

Hoy me desperté con un hambre distinta,
no de sexo ni de mujeres caras,
no de pan, ni sopas, ni miel,
ni de frituras raras,
sino de un sorbo de calma infinita,
esa que en la piel se posa y se invita,
y que al corazón, sin decir palabra,
le sirve ternura en taza que abraza.

Abrí la casa como quien descubre
que el día es un lienzo que nunca se cubre.
Cada amanecer es cocina encendida,
donde uno decide el sabor de la vida;
y en cada cuchara que pruebo despacio
saboreo mi rumbo, mi propio espacio.

Quiero que mi mesa huela a confianza,
que en cada plato florezca la esperanza;
que el postre sea siempre un guiño sincero,
con trozos de risa y abrazo entero.
Y si la nostalgia se cuela de pronto,
la siento a mi lado y no la confronto.

Aprendí que el alma es olla profunda
donde las pasiones hierven y el ser se inunda;
que hay sueños que crecen al fuego lento
y otros que se enfrían si no los siento.
Por eso les pongo amor de condimento
y fe como sal que da aliento al viento.

Cuando el día llega con gusto amargo
no tiro el guiso ni lloro el trago:
lo endulzo con gotas de paciencia clara
y un toque de amor que nunca se para.
Porque en esta vida, aunque haya tormenta,
el sazón lo dicta quien de sí se alimenta.

Yo soy el guía de esta cazuela,
el que sopla el caldo si el miedo vuela.
Si quiero milagro lo pongo al fuego,
y si quiero calma, silencio riego;
porque en esta historia que yo decoro,
el plato final siempre sabe a oro.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta