Por Salvador Calva Morales
Roma sabía agradecer bajo el sol de diciembre:
a Saturno honraba el campo tras la siembra y el crecer.
Del diecisiete al veintitrés, la cosecha era razón
para alzar vino y plegarias en festiva comunión.
Por unos días el mundo giraba al revés:
el esclavo hablaba libre y el amo aprendía a ceder.
Compartían pan y mesa, sin cadenas ni temor,
recordando que, en el fondo, todos nacen con igual valor.
Velas, cantos y guirnaldas vestían calles y hogares;
figurillas y regalos anunciaban nuevos azares.
La ciudad dejaba el yugo, la labor y el deber,
para jugar, reír y juntos simplemente ser.
De esas noches heredamos la semilla y el calor
que hoy llamamos Navidad y celebramos con amor.
Las Saturnales enseñan, desde el tiempo y la razón,
que la luz nace en la unión,
la igualdad y la donación.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























