Por Saile Villalobos
El conocimiento es una red de interconexiones sobre cómo funciona el sistema nervioso. De esta manera, la filosofía estoica se entrelaza con la terapia racional cognitiva, método desarrollado por el psicólogo Albert Ellis.
Empezaremos por definir el estoicismo: es una escuela filosófica fundada por Zenón de Citio alrededor del año 300 a. C. La Stoa Pintada era una columnata cubierta al norte del ágora de Atenas, en Grecia. Posteriormente, los romanos simpatizaron mucho con la filosofía estoica, destacando figuras como Séneca, Rufo, Epicteto y el emperador Marco Aurelio.
El razonamiento estoico se basa en distinguir aquello que podemos decidir de lo que no está a nuestro alcance. Así, llegamos a la conclusión de que muchas de las cosas por las que solemos preocuparnos no dependen de nosotros, sino de las circunstancias.
Nuestra riqueza, prestigio, cargos laborales e incluso nuestra salud pueden ser influidos por nosotros, pero no tenemos la última palabra sobre ellos. Esta incertidumbre nos conduce a continuas frustraciones y desengaños.
Lo único que está realmente a nuestro alcance es nuestro libre albedrío para decidir la actitud y las acciones que asumimos ante estas circunstancias.
Al igual que en el budismo y en la terapia racional cognitiva, aquello sobre lo que podemos tener pleno dominio es la mente. Esto nos lleva a buscar la virtud como medio para alcanzar la felicidad. No necesitamos nada externo para ser felices.
El estoico no persigue bienes externos, placeres sensuales, honores ni reputación; busca el pleno dominio de sí mismo.
Epicteto
Una historia ilustra el espíritu estoico de Epicteto:
Originario de Turquía, se dice que desde muy pequeño mostró grandes capacidades intelectuales: a los cuatro años ya leía en latín y griego sin que nadie le hubiera enseñado formalmente; aprendió observando carteles en tiendas y templos. Fue comprado por un rico comerciante dedicado a la venta de perfumes.
Un día, camino al mercado, un joven que corría hizo caer a Epicteto junto con la valiosa mercancía, derramándose los perfumes. El amo, enfurecido, comenzó a azotarlo con brutalidad. Lo golpeó tan fuerte que el bastón se rompió. Para asombro de todos, el joven esclavo soportó el castigo sin quejarse; miró a su amo a los ojos y le dijo:
—Señor mío, tenga cuidado de no lastimarse la mano.
Luego se dirigió a la multitud y preguntó:
—¿Quién es más libre: mi amo, que no puede contener su ira, o yo, que siendo esclavo tengo dominio sobre mí mismo y logro controlar el dolor?
Epicteto sentía gran admiración por Sócrates. Al igual que él, no dejó escritos; fueron sus alumnos quienes recopilaron sus enseñanzas en Las disertaciones.
“De lo que existe, unas cosas dependen de nosotros y otras no. De nosotros dependen el juicio, el impulso, el deseo y la aversión; del otro lado están la riqueza, la salud, los reconocimientos, los cargos y la fama: todas aquellas cosas que no dependen de nosotros.”
—Epicteto
Como ejemplo, Séneca poseía riqueza y poder, pero debido a la envidia de Nerón fue desterrado y perdió todo, incluso la vida, aunque se le permitió elegir la forma de morir.
Marco Aurelio fue emperador y filósofo. En su obra Meditaciones, basada en la filosofía estoica, reflexiona sobre la formación del carácter y la necesidad de mantener el alma libre de perturbaciones.
Resulta irónico que el hombre más poderoso de su tiempo se educara bajo la influencia de un esclavo como Epicteto, una de las figuras más importantes del estoicismo, junto con Zenón y Séneca. Asimismo, el cristianismo comparte varias coincidencias con esta filosofía en cuanto a la vida virtuosa.
Reproduzco un fragmento de Meditaciones:
“Todas las mañanas recuerdo: hoy tropezaré con un entrometido, un ingrato, un insolente, un envidioso, un traidor o un insociable. Pero sé que todos ellos actúan así por ignorancia del bien y del mal. Yo, en cambio, he aprendido que la naturaleza del bien es lo honesto y la del mal lo deshonesto.”
El dominio de sí mismo
Terapia racional cognitiva-emotiva
Es un tratamiento psicológico estructurado, enfocado en el presente y basado en la evidencia, que ayuda a cambiar patrones de pensamiento y comportamiento.
Nos hace conscientes de cómo el pensamiento afecta nuestras emociones y conducta. Es un enfoque práctico que permite detectar automatismos negativos o distorsionados. ¿Cuántas veces hemos escuchado decir: “es que yo soy así”?
Estos patrones, instaurados desde la infancia, muchas veces ya no corresponden al presente. La visualización racional, la reflexión existencial, perder el miedo al futuro y a la soledad, combatir nuestros miedos irracionales, trabajar una autoestima sana y distinguir entre actuar desde el ego o desde la sabiduría son elementos fundamentales.
Desaprender es quizá más difícil que aprender, porque somos el producto de nuestros hábitos mentales, emocionales y conductuales, que —como surcos— se han profundizado con el tiempo. Este automatismo impide nuestra evolución, ya que no genera respuestas nuevas ante circunstancias nuevas.
El aprendizaje permanente exige una revisión constante de nuestros conocimientos y conductas, permitiendo construir una realidad más plena y productiva. Nuestros anclajes, es decir, la resistencia al cambio, nos impiden avanzar hacia el futuro con herramientas vigentes que nos permitan ser nuestra mejor versión.
Se trata de un enfoque basado en el desarrollo de nuestras capacidades desde un modelo racional, donde las emociones y acciones quedan bajo nuestro dominio.
Regreso a la filosofía estoica
Debemos discernir entre lo que depende de nosotros y lo que no.
Depende de nosotros:
- Juicios
- Impulsos
- Deseos
- Aversión
- Vicios
No depende de nosotros:
- Herencia genética
- Riqueza
- Poder
- Salud
- Honores
- Circunstancias externas (ciclones, terremotos, guerras, enfermedades)
Todas las cosas materiales que podemos perder o que no nos llevaremos al morir.
Como ejemplo, Alejandro Magno ordenó que sus manos quedaran fuera del ataúd para mostrar que llegamos con las manos vacías y nos vamos de la misma manera.
Solo somos dueños de nuestro libre albedrío.
Y, como Epicteto, podemos ser libres aun siendo esclavos. O como Nerón, que, siendo esclavo de sus pasiones, mandó ejecutar a Séneca, pero no pudo arrebatarle su sabiduría ni su trascendencia.
Solo podemos decidir cómo responder ante los eventos adversos o los golpes de la fortuna.
“Nuestra felicidad solo puede basarse en aquello que depende de nosotros.”
Saile Villalobos (eliasvillalobossaile.com) nació el 5 de mayo de 1952 en la Ciudad de México. Es licenciado en Mercadotecnia y Publicidad. Trabajó en la industria farmacéutica durante treinta y tres años. Es autor de las novelas «Del odio al amor», «Frente al espejo», «La corporación» (El secreto) y «Grafiti». También es autor del poemario «Mis reflexiones». Ha publicado «Cuentos y fábulas», «El niño navegante» y «Fábulas y cuentos del Búho Sabio». Ganador del concurso de cuento infantil BUAP-Sabersinfin, con su obra: «El niño alebrije». Ha participado en todas las ediciones de la «Antología internacional de poesía Sabersinfin». Publica en «Filigramma», la revista del Círculo de Escritores Sabersinfin.































