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Ternura feroz

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Foto de Mayur Gala en Unsplash

Por Salvador Calva Morales

Envejecer contigo, amor,
no es derrota, sino un arte que se aprende en voz baja,
cuando el cuerpo empieza a susurrar facturas
y el alma, en vez de quejarse,
abre un libro antiguo y te mira
como si en tus ojos estuviera la única medicina.

Porque el mundo no nos debe nada
y, sin embargo, nos lo damos todo al tomarnos la mano,
mientras afuera la prisa vende consuelos baratos
y nosotros, tercos y dulces,
preferimos la verdad desnuda,
que no promete felicidad, pero sí compañía.

Me enseñaste a no llorar por lo que no depende de mí,
a elegir las batallas como un francotirador del tiempo,
a dejar pasar las palabras ajenas
como hojas secas que no hacen nido;
y en ese silencio compartido
descubrí que amar también es saber soltar.

Nos reímos del paso del tiempo,
de la belleza que huye sin pedir permiso,
del cabello que cae como hojas de otoño;
y aun así, en tu mirada,
sigo encontrando una primavera
que no entiende de calendarios.

Amarte es aceptar lo que se pierde
sin convertirlo en tragedia,
es abrazar lo que queda
como si siempre hubiera sido suficiente;
porque en este mundo donde todo se desvanece
tu presencia es mi única certeza.

Y así, amor, envejecemos sin disfraz,
sin fingir juventudes que ya no nos pertenecen,
con la dignidad de quien sabe
que no hay nada que demostrar:
solo este nosotros
que resiste con una ternura feroz.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta