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El instante suficiente

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Imagen de Steve Buissinne en Pixabay

Por Salvador Calva Morales

Hoy me llegó tu voz envuelta en tiempo,
como si alguien desde el futuro me susurrara al oído
que todo lo que soy ahora
algún día será apenas un eco sin dueño,
un rastro suave disuelto en la memoria
de quienes también aprenderán a irse.

Pensé en las casas que habitamos
y en las risas que dejamos colgadas en sus paredes,
en manos extrañas tocando lo que hoy llamamos nuestro,
sin saber que aquí hubo lágrimas, abrazos y promesas,
que hubo noches llenas de vida
que jamás podrán nombrar.

Y entonces el peso del mundo se volvió ligero,
como si el enojo perdiera sentido de pronto,
como si competir fuera un juego vacío
que nadie recordará cuando el reloj nos borre.
Qué inútil sostener la prisa
cuando el tiempo nunca se detuvo por nadie.

La vida se me mostró desnuda y breve,
frágil como un suspiro que apenas se percibe,
pero inmensamente sagrada en su instante.
No vino a doler, pensé,
vino a sentirse en cada latido,
a ser compartida con ternura y sin reservas.

Miré a los que amo con otros ojos,
como quien entiende que todo es prestado,
que cada presencia es un milagro momentáneo
y cada despedida, una verdad inevitable.
Somos destellos cruzándose en la noche,
hermosos mientras coincidimos en el camino.

Así que decidí soltar el peso invisible,
caminar con el alma abierta y sin miedo al amor,
agradecer incluso lo que duele, porque también enseña,
abrazar lo que hoy existe sin exigirle eternidad;
porque este instante —tan pequeño e inmenso—
es todo lo que tenemos… y es suficiente.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta