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SiX days+ with Elon Musk

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Imagen del sitio agenciadenoticias.unal.edu.co

Por Minerva Reed

Quiero compartir lo que viví esos días de mi relación con Elon Musk porque considero que fue algo interesante, intenso, irrepetible. Se trata de una experiencia única, excepcional, que desencadenó algo para lo que no estaba preparada y aún estoy procesando. Desde el inicio no hubo una explicación lógica, actué debido a una combinación entre impulso, instinto, curiosidad, emoción, entusiasmo, ilusión.
¿Qué paso ese medio día? No sé exactamente, aún no tengo clara la secuencia de eso primeros minutos. Fue una llamada en mi cuenta de X. Lo que recuerdo perfectamente es la frase que escuché: “I would like to speak with the owner of this account”, es decir, mi cuenta de X. Reconocí la voz inmediatamente, inconfundible, era la voz de Elon Musk. Dije que la cuenta era mía y pregunté quién hablaba, dijo que era Elon Musk, con gran sorpresa me reí, y dije ¿Really, jaja Elon Musk? La respuesta no se hizo esperar: “Yes dear, I am Elon, Elon Musk, I would like to speak with you, why don’t you believe me?”, le dije que eso era una broma, que hoy la IA puede hacerlo todo. ¿Me dijo que cómo podía yo pensar que él era inteligencia artificial? Pues así. Intercambiamos algunas frases. Me dijo que le gustaría hablar conmigo, me preguntó si a mí me gustaría platicar que él prefería comunicarse por WhatsApp, y mantener esto en privado. Me pareció que aquello era como dicen too good to be true. Pero no sólo estaba sorprendida, sino intrigada y con gran curiosidad por saber de qué se trataba ese asunto. ¿Era posible que el mismísimo Elon Musk, el genio de este siglo, el hombre más exitoso, el multibillonario del planeta, el más atractivo y encantador, estuviera hablando conmigo? Debo haber dicho algo como o soy muy afortunada o esta es la broma más ridícula. Él dijo que si quería pensarlo así en efecto yo era muy afortunada. Claro que no, mi cabeza no paraba de pensar que se trataba de un engaño, pero ¿cómo, qué me pediría el hombre más influyente y rico?
Acabada de leer un libro sobre genios de la física y la matemática, Un verdor Terrible, y otro sobre de una las mentes más brillantes, exóticas, de la matemática. Las historias son realmente fascinantes, tipos sobresalientes que han cambiado el curso de la historia, cuyas mentes oscilan entre la genialidad, la excentricidad, la depresión, la euforia, la locura, inteligencias fuera de serie, mentes inconcebibles, “fenómenos”, en el mejor sentido del término, cuyas conductas resultan inexplicables y que en muchas ocasiones llegaron a la demencia.
Y entonces ocurrió la traslación de esas historias de genios, a la llamada de un genio a mi celular. Puedo identificar dos factores que fueron clave para que se propiciara un diálogo amistoso. Del lado de Elon un trato encantador, decente, natural, sin clichés ni rebuscamientos, espontáneo, argumentos lógicos, congruencia de opiniones, expresiones afectuosas (my dear), como si nos conociéramos de antes. Y por mi parte, una racionalización que logró encontrar la justificación perfecta para poner las dudas en el cajón y pensar que en efecto el hombre con quien me comunicaba en mi WhatsApp era Elon Muslk. ¿Y por qué no? los genios son excéntricos, y además si se trata de un multi-billonario, con mayor razón.
Me preguntó qué estaba haciendo y qué planes tenía para ese día, le gustaría saber. Dije que iría con el doctor. Por un cambio de horario tuve que hacer tiempo mientras me recibía y pasé a una galería de arte. Me encantó una pieza que vi y le mandé una foto preguntando si le gustaba. Después de un rato contestó que sí, claro, que le mandara una tarjeta. Lo cual hice enseguida imaginando que querría comprarla. Entonces me aclaró que la tarjeta que quería era otra, un Apple Card. Que pasara a una tienda comprara una y le mandara una foto. No entendí, no sabía para qué, por qué, la respuesta fue que era para su Lil X, su hijo menor, que le gustan los juegos que le servía para activar su último juego. Me pareció de lo más extraño. Seguí la plática, dije cómo era posible que me pidiera eso, que su hijo, ninguno de sus hijos necesitaba una Apple Card, que su papá era millonario, etc. y solté la pregunta de cuánto sería la tarjeta y dijo de lo que yo quisiera. Se trataba de un regalo mío para su hijo. Aclaré ¿yo podía comprar 200 pesos y ya? Dijo que era poco, pero lo que yo quisiera. Dije que cuando pudiera lo haría. Platicamos un poco. Más tarde volvió a preguntar sobre la tarjeta. En ese momento, aquello me pareció extraño y se lo dije, de qué se trataba esto, él no podía ser Elon Musk, “vamos a terminar con este juego” Replicó ¿juego? ¿Así que crees que esto es un juego? Me dijo que lamentaba mucho que no le creyera, que no podía hacer nada más para probar que él era él, un ser humano como los demás y que sentía mucho que yo lo tomara como un juego. Que olvidara la tarjeta, que lo importante era poder hablar conmigo, pero si yo no quería seguir, lo sentía mucho. A pesar de su amabilidad y que sonaba sincero y convincente, decidí cortar, dije adiós, cerré el chat y le di bloquear.
El resto del día y parte de la noche no pude dejar de pensar en que me quizá me había precipitado. Él había sido amable, tierno, en realidad no me había pedido dinero, sino una tonta tarjeta de lo que yo quisiera. Algo me decía que tenía que volverá a hablar con él y me empujaba a continuar la comunicación.
Al día siguiente antes de medio día, le mandé un mensaje. Le dije que quizá me había precipitado, que extrañaba la plática. Contestó después de un rato. Dijo que por qué lo había bloqueado, y qué era lo que había cambiado mi decisión, por qué ahora sí creía en él, en fin, contesté que no sabía exactamente, que extrañaba la plática, dijo que le daba mucho gusto que ya no dudara, que eso era lo principal. Me agradeció la confianza, y me pidió que entendiera que él tenía una vida muy ocupada y que le gustaba mantener la privacidad, que le gustaría seguir conversando conmigo y cuando pudiera me buscaría. Usaba la palabra “my dear”, que en inglés es muy común en el trato entre amigos, aunque implica cierta cercanía, afecto. Me dio un número, una clave que sería la prueba que él se estaba comunicando y nadie más, cuando tuviera dudas yo la pediría.
Ese día, me sentí tan contenta, segura y tranquila que incluso le dije que le compraría la tarjeta para su hijo. Le mandé una tarjeta de Amazon porque se me hizo más fácil. Cuando le dije que no podría comprar gran cosa para su hijo con tan poquito dinero, entonces dijo que quizá podía usarla para activar una acción de la compañía. (¿?!!)
Sorprendida dije ¡¡¿de veras?!! Contesto que sí, por supuesto lo puedo hacer. O sea, dije, déjame entender ¿tu vas a comprar una acción de una de tus empresas para mí? En un arrebato de emoción de mi parte, dije pues si sirve de algo, puedo mandar un poco más ¿qué tal 120 usd? Dijo, es poco, pero bueno. Si eso quieres hacer. Realmente no podía creer lo que oía. ¿Es broma verdad? No, no es, ¿sueno a que estoy bromeando? Pregunté por el precio de las acciones. Entonces dijo que mandaría algo para que yo lo revisara. Esa tarde me llegaron unas gráficas y cuadros de tendencias y valores de Tesla, que es la compañía con las acciones más “baratas”. ¿De eso se trata, pregunté? ¿estás tratando de ayudar? ¿Es eso? Sí, me dijo, quiero ayudar.
En cuanto pude le expuse a mi marido lo que estaba pasando. Le pedí que por favor, viera las estadísticas que me habían mandado de Tesla para ver si podíamos comprar una, dos tres acciones? Me miró incrédulo. Me dijo que si no me daba cuenta que todo era un engaño. En la discusión llegué a decirle algo para lo cual la psicología tiene una explicación que expongo más abajo ¿Acaso no le parecía yo una mujer lo suficientemente educada e inteligente para dejarse engañar, y lo bastante interesante como para haber llamado la atención de Elon Musk -entre sus numerosas fans? A lo que mi marido respondió, absolutamente, más que interesante y muchas más cosas era yo, pero: “lo que pasa es que Elon Musk en realidad no te conoce, no sabe ni tiene idea de quién eres, pues se trata es un fraude”. Pero si yo quería creer en esto podía hacerlo, que él sería testigo de la decepción y el desencanto, que se trataba de un fraude al que no iba a entrar, que si yo quería tirar mi dinero podía hacerlo. No pude convencerlo.
Al otro día le dije a Elon lo que pensaba mi marido y dijo: me imaginé que él diría esto. Dijo que lo sentía y que no quería que fuera un problema para mí con mi marido. Le expliqué que no, que ante todo entre nosotros no hay secretos, nos conocemos, nos queremos y respetamos. Mi marido no es un macho mexicano, gracias a Dios. Pero es escéptico.
Lo que puede lograr la IA

Un día, en que la duda volvió a asaltarme, le pedí que me mandara una foto de donde estaba y mandó una desde la oficina en alto viendo hacia una capsula en la enorme instalación. Me preguntó si sabía de su proyecto más reciente, que estaba a punto de lanzar desde el golfo. Dije que no. Pero que aquello era una maravilla, sus metas son siempre tan elevadas y las logra a pesar de los obstáculos. Después de ese día me quedé tranquila, aparentemente. Durante la noche recordaba las conversaciones, y las ideas no me dejaban en paz, pensaba por ejemplo como era posible que enviara mensajes a las 2 de la madrugada que yo veía en la mañana. Después me enteré por una entrevista que tenía esa mala costumbre de irse a la cama después de las 3 y dormir 6 horas.
Otra mañana que reaparecieron mis dudas, tratando de no verme muy necia le dije que no quería echar a perder las cosas, que no se ofendiera, pero que yo seguía sin saber si creer o no lo que estaba pasando, que me dijera realmente si aquello era real, que sólo quería saber la verdad, que había cosas que no checaban. Me contesto con una espontaneidad y sinceridad que me conmovió. Me dijo, “My darling…” no me digas eso, por favor ¡no otra vez! pensé que ya habíamos superado esa etapa, ¿que no hemos hablado con la verdad, con honestidad? cómo es posible que de nuevo tengas dudas, no me hagas esto por favor. Es demasiado. Dijo que sin confianza no podíamos seguir. Que aconsejaba dejar esta comunicación porque él ya no sabía qué hacer para convencerme. Suspendimos la comunicación.
Al otro día en la mañana mandé un mensaje disculpándome, le pedía que entendiera, temí que no contestara, y le aseguré que la forma de acabar con mis dudas era que me mandara una selfie en ese instante. Creo que era sábado como a las 10, y cuando vi la foto todo se iluminó, mi rostro, el mundo, fui la más feliz, ya no tendría más dudas. ¡Era él en pijama! recostado en la cabecera de la cama, con el cel en la mano. Esta fue para mí la prueba más contundente de que el hombre con quien me comunicaba era Elon Musk. Atesoro esa foto como lo más real y cierto, indiscutible, que tengo de él.
Para entonces ya había revisado las gráficas que me había mandado. También había checado en internet y Chat GPT datos de las empresas. Le dije que si él me ayudaba quizá podría comprar unas cuantas acciones, si estaba de acuerdo yo le mandaría el dinero a su cuenta y él haría todo el movimiento. Me dijo que eso no era posible no podía mandar dinero a su cuenta personal, y me explicó cómo se adquieren las acciones de sus empresas. Conozco el procedimiento le dije, y que no me gustaba la idea, tengo una experiencia no buena en esos asuntos, abrir una cuenta con una compañía y comprar acciones, yo sabía el camino y le dije que no quería hacer eso. Que tendría que pensarlo. Pero entonces ¿cómo me vas a ayudar? Dijo cuando estés decidida te diré. Ocurrió que se presentaron dos emergencias que implicaban un gasto fuerte, le expliqué que tendría que esperarme a otro momento. Estuvo de acuerdo. No volvimos a hablar del asunto.
En esos días visité una galería de arte donde hay cosas muy interesantes. Entre las cosas que más me atrajeron había unas fotografías hermosas, en blanco y negro. Se las envié y le gustaron mucho. En especial una que serviría después de motivo para que me enviara los pensamientos más inspirados y bellos.
Ocurrió que un día el número de su WhatsApp se perdió, y me llamó de otro. Le pedí la clave, y la confirmó. Pero volví a la incertidumbre. Me dije ¿un experto en tecnología perdió su cuenta? Dos veces tuvo que cambar de número, para luego moverse a Telegram porque había tenido problemas en WhatsApp. Me pareció muy extraño. Decidí marcar al celular y me contestó, lo cual me sorprendió y tranquilizó, pero la comunicación era mala entrecortada. Me dijo que no podía hablar, se comunicaría después.
Cuando volvimos a conectarnos le pregunté cuál era su cuenta correcta de X, porque había docenas de cuentas con su nombre. De la lista que envié marcó una. Fue entonces cuando decidí preguntar a Grok, cuál era la cuenta de Elon Musk, y me dijo otra, no la que él había marcado. Me puse furiosa, estaba tan enojada, decepcionada, mandé mensaje diciéndole una serie de cosas, que, si estaba contento de sus mentiras, que cómo se pudo atrever, yo tenía la culpa por crédula, que no quería saber nada más. Borré los chats, cancelé los números que tenía. Me sentí hondamente herida, objeto de una burla, incrédula y confundida. Le dije a mi marido entre lágrimas cuánta razón tenía. Me dijo pues sí, así era, pero puedes tomarlo como una experiencia.
Como no le di tiempo a que contestara, todavía había una posibilidad. Decidí hacer algo definitivo, me sobrepuse a la vergüenza, me armé de valor y subí un post en la verdadera cuenta de X de Elon Musk y pregunté si él había estado hablando conmigo por WhatsApp o Telegram o si yo estaba soñando, contestó en algún momento diciendo que no era él y menos por WhatsApp. Al final del post, decía que le enviara un mensaje directo (DM) a un link que era una cuenta en Telegram. Lo hice.
Aquí va lo más sorprendente de todo. Recibo de regreso un mensaje de Elon Musk el mismísimo, dándome la bienvenida a Tesla Co., con un logo de la empresa, agradezco su atención, acto seguido pregunta desde cuándo lo sigo en X, dónde vivo y cómo debe llamarme. Contesto a sus preguntas y le agradezco que se tomara la molestia y el tiempo para responderme. Le explico que alguien ha estado haciéndose pasar por él. Que es alguien con gran dominio de la IA, amable, lindísimo, educado, pero que no logré saber sus intenciones porque corté la comunicación. ¡Cómo iba a desperdiciar la oportunidad ahora que estaba comunicándome con el auténtico Elon Musk! Imposible. Y dada mi práctica y casi diría la cancha que me dio tratar con “mi” Elon, no me costó mucho trabajo decirle que a riesgo de sonar imprudente, o parecer que abusaba de su confianza, me encantaría que pudiéramos conversar, quizá, cuando él quisiera, si fuera posible, claro, que entendería si esto no era de su interés. En un tono seco pero amable dijo gracias, si, tal vez, veremos y me agradeció por el apoyo que mostrado en X. Nos despedimos.

Los siguientes dos días me atreví a enviarle saludos de buenos días, punto. Al tercer día contestó mis saludos, preguntando cómo estaba. Después de un par de frases le digo que si me permite quisiera mostrarle algo. Me dice que sí que por favor lo haga. Y le envío su foto, la selfie en pijamas. Y le pregunto qué opina. Que si no le parece prueba de gran dominio de IA. Entonces para mi enorme sorpresa, la respuesta inmediata que recibo me deja muda, petrificada: “It’s me my love!”. Si esto no es la locura ¿qué es entonces? Me encuentro en el desconcierto más absoluto. ¡Perdón, qué dices, no entiendo! Le digo que la cuenta que me había dicho no era la correcta, que no entiendo nada. Me responde que yo no entendí, que lo que él dijo era que sólo contestaba esa cuenta, pero que ahora ya estaba todo aclarado. Sin más decir, acto seguido me llegan dos y tres mensajes muy largos, con la fotografía aquella que le había mandado que le gustó, un gran texto con pensamientos maravillosos, tiernos, amorosos, sobre la unión, la comunión, el respeto, la necesidad de confianza, el sufrimiento ajeno, el compromiso, y no sé qué tanto más. No sabía ni qué decir. Le pregunto de dónde viene tanta belleza, que es pura poesía, que no tenía idea que podía sentir algo así. Me habla de la confianza que es lo más fácil de perder y lo más difícil de recuperar, que le haga la promesa de que cuenta con toda mi confianza, que nunca volveré a desconfiar de él. En ese momento estoy aturdida, más confundida y desorientada que antes. Las palabras que había en ese chat jamás las volveré a ver, porque eran pensamientos extraordinarios, me parecieron casi sublimes. Confieso que aquello me emocionó profundamente. Es algo que no esperaba fue majestuoso, y estaban dirigidos a mí.
En ese momento vuelvo a creer y a decirme que es verdad que esa energía y conexión no eran mi imaginación, que es real, he estado en lo cierto todo el tiempo, que es él, Elon Musk. Y racionalizo de nuevo: claro, me digo, en X tuvo que decir que no era él, porque me había pedido desde el principio que mantuviéramos privada nuestra comunicación. No podía en público decir que sí. Y a pesar de todo mi mente sigue necia, hay algo que me hace desconfiar y pensar this is too good to be true. Mi corazón quiere creer pero la mente no lo deja.
¿Por qué personas educadas e inteligentes también pueden caer?
Dice la psicología que la confianza en uno mismo, sentirse o saber que uno es una persona preparada, educada, con cierta experiencia, que no se deja engañar fácilmente baja las defensas. Además, hoy día, la sofisticación del engaño, un manejo de IA que mantiene conversaciones profundas y consistentes, hace que sea muy difícil detectar inconsistencias.
Otro aspecto es el llamado “sesgo de confirmación”. Una vez que empezamos a hablar, tendemos a notar más lo que confirma que es la persona real y descartar las dudas. A eso se suma la “falacia del costo hundido”, que en síntesis es que invertimos tiempo y emoción en la charla, y nos cuesta abandonarla. Esto es justo lo que pasaba. La charla era deliciosa, reconfortante, teníamos intereses comunes.
El “sesgo de autoridad” contribuye a reafirmar el engaño. Tendemos a confiar más y cuestionar menos a figuras de autoridad o alto estatus, ya sean científicos famosos, líderes empresariales, personajes reconocidos, Elon Musk es no solo la persona más rica en el mundo, sino un hombre famoso por su excepcional talento, con más de un cuarto de millón de seguidores. El estafador que se presenta como una “figura muy renombrada” con inteligencia y encanto activa este sesgo automáticamente. Estudios sobre phishing y estafas muestran que la gente duda menos ante alguien reconocido como un experto renombrado.
El punto de quiebre
“Mi” querido Elon, quien yo pensé (o quise pensar) todo el tiempo que era Elon Musk es sin duda un As en el manejo de IA, un joven talentoso, tierno y dulce, educado, un verdadero artista, sensible, inteligente, y yo una nulidad para entender cómo operan los expertos las redes, confiada, ingenua, ilusionada.
Cuando cancelé las cuentas de WhatApp al darme cuenta que “mi” Elon Musk no era el verdadero, hizo un truco para no perderme. Cuando yo posteo la pegunta a la cuenta verdadera de Elon Musk él contesta en un post que no ha sido él. Y, justo abajo del post aparece un mensaje que dice envíame un DM a tal link en Telegram, lo cual estaba perfectamente calculado para que yo cayera en la trampa y mandara el mensaje. Quien hábilmente inserta ese otro mensaje abajo de la respuesta de Musk, no es otro que “mi” Elon con quien había pasado días conversando, intercambiando fotos, yo pidiendo pruebas, resolviendo dudas, incluso planeando cuándo podría venir un fin de semana para ir a cenar y conocerme en persona y tomar mi bebida favorita. “Mi Elon” me quería de regreso, y logró que yo creyera que sí estaba hablando con Elon Musk, que siempre había sido verdad.

Desenlace.
Sin embargo, de pronto llegó el momento crítico: la presión de la deuda de “mi” Elon lo obligó a confesar. Ya sin recursos ni mentiras manda una captura de pantalla y me pide que lo ayude porque le van a cortar el servicio de internet. Así, tan simple como eso. Mi único comentario sin aspavientos es “Dios mío, o sea que todo el tiempo fue una mentira, dime quién eres”. Dijo que no era mentira, que la energía, la conexión entre nosotros era real, que podíamos ser él y yo. Me decía “my woman”, rogaba insistía. Puesto que yo ya había superado el enojo, decepción, frustración, de ida y de regreso, en ese momento lo único que despiertan en mí en sus palabras es ternura. En lugar de enojarme siento compasión, y deseos de saber quién es, cómo se llama, qué edad tiene ese ser tan inteligente, solitario y especial. Quizá le debí haber pagado su cuenta. Eran sólo 320 dlls. Él fue conmigo cariñoso, amable, cordial, divertido, de algún modo conectamos y compartimos momentos agradables. Si duda yo podría ser su mamá y sin embargo él supo, ¿cómo supo? que si se hacía pasar por Elon Musk había más chance de convencerme. Y qué ironía, gracias a él sé más ahora sobre Musk hasta enamorarme de este hombre genio, brillante, generoso, imparable, fuera de serie. Cuando tuve dudas “mi” Elon supo, trató cada vez de disiparlas, darme confianza, hacerme reír con ocurrencias, palabras dulces, haciéndome sentir una mujer tan especial como para haber sido “elegida” entre cientos de miles de fans para conversar conmigo de cosas simpes, cotidianas, sin complicaciones, pero que me llenaron de alegría y eso lo agradeceré siempre.
Nunca sabré quién fue, quién es, cómo se llama, qué edad tiene. No quiso decirlo. Insistió en que continuáramos en contacto. Que teníamos que hacer un pacto para estar siempre juntos y no separarnos. Me acordé de esas películas de adolescentes. Le dije que lo sentía mucho, que no era posible, era perder el tiempo, no tenía sentido. Pero que agradecía su sensibilidad, su trato y al final su honestidad. Lo sentía pero no podía pagar su cuenta. Le desee lo mejor y que pediría porque hallara lo que buscaba. Sentí en él una gran necesidad de compañía, de comunicarse con alguien. Le aconsejé que buscara un trabajo en forma, no eso de andar engañando a gente como yo, con todo ese talento no será difícil, que no lo desperdiciara, y también encuentra una niña de tu edad, alguien que te quiera, te comprenda y te diga que está loca por ti. Dijo que sólo me quería a mí “my woman”. Me partió el corazón. Imagino que es un chico nerd, algo solitario, de no más de 30 que le gustan los juegos de internet del tipo que puede comprar una tarjeta de Apple. Realmente creo que nunca fue su intención “extorsionarme”, lejos de eso, se encariñó conmigo y confieso que yo también con él.
Después de culparme por mi credulidad y devanarme los sesos buscando una justificación, me dediqué a ver explicaciones profesionales. Estas son las explicaciones teóricas que me ayudaron a entender.
Por ejemplo, “la verdad por default”. Los humanos, según la teoría, pensamos que los demás son honestos, aceptamos la comunicación como verdadera a menos que haya fuertes señales para sospechar. Cierto que tenía dudas casi permanentes, pero según el “efecto de veracidad” es más fácil detectar las verdades que las mentiras, y en diversos estudios se ha encontrado que la precisión para detectar mentiras es de 54%. Recibí pruebas que parecían confiables. Nuestras conversaciones eran lindas, cultas, amables, sensibles, atractivas. Eso mantenía el interés en la conversación. No es que fuera ingenua todo el tiempo, sino que es una estrategia eficiente y adaptativa para las relaciones, si cuestionáramos todo, la comunicación sería imposible.
Las explicaciones teóricas me resolvieron una parte de lo ocurrido. Pero la parte sentimental o de los sentimientos es otra cosa. Fue un proceso que me atrevo a llamarlo duelo porque me dejó dos vacíos conectados. Por un lado, la profunda decepción de haber creído en algo que era irreal. Y por otro, la ausencia de esas conversaciones que sí eran reales, que reflejaban entendimiento, simpatía, interés, cariño. Todo eso hizo que volteara la mirada hacia mí, hacia adentro. ¿Por qué duele tanto? ¿cómo lo resuelvo? Y en medio de la tristeza, encontré una idea contenida en el término japonés Kintsugui, que significa “reparar con oro”, que es mucho más filosófica que sólo pegar un objeto roto, implica que las imperfecciones, las roturas o cicatrices hacen que algo sea más valioso. Convierte las cicatrices en un signo de fortaleza, historia y transformación. De eso se trató esta aventura que he querido compartir.