Por Enrique Canchola Martínez
¿Es la traición una conducta aprendida o un programa neurobiológico ancestral, inherente a la evolución cerebral y la supervivencia de las especies?
Antes que nada, es importante definir a la traición como la ruptura de confianza entre los individuos o grupos sociales, que tiene como finalidad una meta económica, social, política o ideológica. Es un acto complejo neurocognitivo, que se encuentra estructurado en el cerebro y que en condiciones especiales bajo el estimulo de los intereses antes mencionados se expresa, por lo anterior y tratando de responder la pregunta inicial, diremos que es un programa estructural del cerebro que se activa con los intereses y estímulos suficientes y necesarios.
Desde el punto de vista social implica la perdida de empatía y perdida de intereses comunes y perspectivas diferentes tanto individuales como grupales.
El análisis de la traición, desde la neurobiología, implica la desactivación de las cortezas prefrontales ventromediales, el núcleo insular anterior y el tracto temporoparietal, donde se encuentra el programa de la empatía formando un circuito nervioso interconectado con la oxitocina, la dopamina y serotonina principalmente.
En este proceso, se desactiva también la corteza prefrontal dorsolateral y el cuerpo estriado ventral, donde se encuentra el control emocional de la lealtad y el calculo de la recompensa esperada y se inhibe también la red neuronal por defecto y se activa el circuito amigdalino.
La participación del circuito de las emociones es muy importante, particularmente los tractos meso-cortico-límbicos en los cuales se inhibe dramáticamente los niveles de serotonina y en cambio, se activa de manera muy importante la vía a dopaminérgica estriado ventral y el núcleo accumbens.
Por otra parte, la desregulación neuroendocrina en la traición es muy importante, se produce una liberación severa de hormona liberadora de corticotropina y de cortisol, que, aunado a la disminución de serotonina, generalmente lleva al traidor y al traicionado a un estado de desesperanza, depresión, ansiedad y hasta enfermedades inmunológicas
Referencias
Nature Neuroscience 2016, 19(12), 1727–1732.
Neuron 2004, 44(2), 389–400.
NeuroImage 2002, 16(3), 696–703.
Nature Neuroscience 2009, 12(11), 1469–1474.
The Lancet Psychiatry 2014, 1(1), 63–72.
Enrique Canchola Martínez es un destacado médico y académico mexicano, especialista en psiconeuroendocrinología y neurociencias. Con una trayectoria de casi cincuenta años en la UAM y la UNAM, ha sido pionero en la investigación sobre la influencia de las hormonas en la estructura cerebral y el comportamiento. Su labor combina magistralmente la medicina clínica con la docencia y la divulgación científica de alto nivel. Asimismo, ha logrado integrar su experiencia científica con su amor por las letras, tendiendo un puente entre la neurociencia y la poesía.

































