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Para un “manual del usuario” de noticias (Artículo)

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– La Historia Jamás Contada –

Una parte importante de la cultura de masas, en su acepción de “lo que la gente cree saber por haberlo visto, oído o leído en los medios”, la constituyen las NOTICIAS, tanto las formales de los periodistas propiamente dichos, profesionales, como las  expresadas implícita o explícitamente  en los comentarios y opiniones de otra gente de los medios, el espectáculo y, sí, la política, pero cada vez más también los influencers privados y, por supuesto, las “hormigas de la información”, los corredores (brokers) oficiosos de noticias de las redes,  que se limitan a repetir y difundir las que pescan o les llegan por estas mismas.

En este caso se trata mayormente de aficionados sin experiencia en estas lides (propiamente influencees, en pasivo, como contactees y abductees) o todo lo contrario: propagandistas a sueldo que se presentan como simples ciudadanos interesados que altruistamente comparten su “información” con los demás. Estos últimos son, sin embargo, fáciles de detectar y también su “fuente” –como dicen los periodistas-, tanto por su estilo machacón, de predicador, como por lo sesgado de sus (otros) datos, semejantes a los de un merolico. (Ya sé en quién están pensando, pero no es el único, pues hay plétora de ellos y todos con la misma cantilena.)

Hasta aquí no dejaría de ser una práctica cultural contemporánea, motivada por una tecnología que la hace posible, una costumbre o entretenimiento generalizados, pero el caso es que sus efectos llegan mucho más allá, tanto a nivel subjetivo individual como en el comportamiento colectivo, adquiriéndolos rasgos característicos de la psicología de masas: una comunión emocional donde la racionalidad campea por su ausencia, llegando incluso a la psicosis colectiva.

Por eso es conveniente detenerse de cuando en cuando y analizar su funcionamiento, desentrañar sus principios operativos y, a partir de ahí, confeccionar un MANUAL DE OPERACIÓN que permita usar eficientemente y con seguridad el aparato noticioso, ahora ya interactivo, pues eso es: una máquina que debemos mantener bajo control o, cuando menos, vigilada, atentos a cualquier señal de mal funcionamiento, sea intrínseco al diseño o construcción del aparato mismo , o su uso por algún operador malintencionado, que nunca faltan.

Sí, el asunto es más técnico que ético, que es hasta donde llegan sus críticos idealistas, cuya máxima aportación ha sido… ¡proponer un código de ética! –no podría ser otra cosa- para los generadores -o emisores- y repetidores de noticias, aunque el nodo del asunto no radica en los productores sino más bien en los USUAROS: es como entrar a un (super)mercado donde se ofrece todo tipo de mercancías, calidades y precios y sentirse obligado a comprar un tipo específico, el tradicional, sin detenerse a considerar posibles alternativas. Es decir, no existe un criterio para elegir entre uno u otro atendiendo a sus relativas (des)ventajas.

Este hábito mental ha dado origen al arraigado concepto de “autoridad”, resabio clerical que asocia la validez de un dato a la posición o status de quien lo proporciona. (Como la vez que manifesté telefónicamente una interpretación diferente a la que se daba en un programa católico y la persona que me atendió sólo acertó a replicarme: “Pero si así lo dice en su libro el padre Fulano”.)

No se trata de que una sedicente Autoridad, sea dogmática, moral, “científica” o parecida, norme nuestro criterio en cuestiones que desconocemos, sino de hallar la manera de establecer uno propio a través de la investigación y la reflexión, lo que implica adquirir un conocimiento más profundo sobre el tema.

Y de esto se deriva algo tal vez más útil todavía: la posibilidad de discernir cuidadosamente qué temas nos interesan en realidad, tanto como para merecer el esfuerzo adicional que demandan su comprensión y dominio, pues mucho de la cultura de masas es scam (basura), en la que no tenemos por qué hurgar.

En cuanto a las técnicas concretas de manejo informado de las noticias, depende tanto de la fuente que se tomen como del uso que pretenda dárseles, junto al impacto -riesgo- estimado que podrían tener tanto en la propia salud emocional personal como sus efectos psicosociales, algo VITAL en estos momentos de GUERRAS DE PROPAGANDA a diestra y siniestra, en las que podemos implicarnos aún sin pensarlo o desearlo, con tan sólo permanecer pasivos intelectualmente, confiando perezosamente en la honestidad, sagacidad y buena fe de quienes nos proveen de noticias.

¿Qué piensan ustedes?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.