Tocas mi cuerpo y la chispa florece.
A medida que tu tacto me cubre,
se desprende mi piel enardecida,
se hace polvo estelar.
Un vórtice de placer gira violento
en la cúpula del deseo.
Te toco, y la punta de mi yema luminar
horada tu superficie,
desprende las escamas del tiempo.
Nos unimos en un delirio
que magnifica nuestras humanidades.
El tiempo se detiene y somos luz:
Fantástica energía que combina su materia
y crea su propio espacio:
de besos, de pulsaciones,
de humedades que hierven.
Nuestros seres iluminados
se proyectan al universo.
Tú eres dios,
Yo soy la incandescencia profana
que gira el cosmos.
Entras en mí
Y de tu luz vital nace la semilla,
una palabra diáfana
que regenera el mundo.
Xóchitl Niezhdanova, Poetisa Mexicana






























