Me fui perdiendo,
como el río que cambia su rumbo,
como el hielo
que se aburre del frío y se consume,
como la noche
que despierta a un nuevo día.
Tanto quise ser de ti
que olvidé el punto de partida
y me quedé a merced de la duda
que hoy empaña el cristal de tus ojos.
Con telas de araña
cubrí de tu mentira mi verdad,
la guardé en el armario
donde colgaste tus promesas incumplidas
y mis reclamos pospuestos.
Entre el polvo, el vacío y el dolor
me encontré a mí misma,
pendiendo de un gancho de oro,
con los dedos enlazados en tu hipocresía
y tu descaro sellando mis labios,
con el valor oculto en mis ojeras
y mis recuerdos tuyos en las lágrimas
que olvidé llorarte.
Rene Rojano, Poeta fronteriza






























