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La biología del amor

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Imagen de Humberto Maturana (1928-2021)

En la actualidad, una teoría se entiende como un sistema lógico que se establece a partir de observaciones, axiomas y postulados, que tiene como propósito afirmar bajo qué condiciones se llevarán a cabo ciertos supuestos. Así mismo las teorías están vivas, evolucionan y a veces mueren. Solamente los que se atreven a pensar más allá de los límites de lo establecido pueden romper esquemas y formular nuevas teorías.

Alrededor de los años noventa, el biólogo chileno Humberto Maturana Romesín, formuló una teoría llamada “La biología del amor” la cual es una propuesta donde el amor no es una cualidad, sino un fenómeno biológico relacional. Esta hipótesis se constituye probablemente en el primer intento serio por establecer el amor ya no como un valor moral sino como un factor determinante a nivel biopsicosocial (biológico evolutivo, psicológico y social). Aquí el concepto del amor escapa del mundo literario, soñador y romántico hacia el campo científico.

El concepto de amor de Maturana no es el de un sentimiento cariñoso o el de una virtud, sino un tipo de relación-conducta en la que cada individuo aprueba al otro como un ser válido. Así mismo busca establecer relaciones de cooperación y respeto al otro a pesar de las diferencias biológicas, étnicas, sociales.

Para empezar a comprender este concepto nuevo de amor hay que reconocer que lo humano no se constituye exclusivamente desde lo racional. Es cierto que lo lógico-racional es importante en el tipo de vida que vivimos, pero el primer paso para revalorar la emoción es aceptar que entrelazado a un razonar está siempre presente un “emocionar”. En el momento en que uno ve eso se da cuenta de que es así. Se podría invitar a alguien a una reflexión en cada momento: ¿Qué te está pasando?, ¿Qué estas sintiendo?, ¿Qué o quién lo causó? Son preguntas dirigidas a mirar el propio emocionar y no a mirar el propio razonar.

El convivir humano se da en la interacción con otras personas a través del conversar, así el emocionar le sucede a uno en el fluir de la conversación y esto tiene un resultado fundamental: si cambia el conversar, cambia el emocionar y lo hace siguiendo el curso de la emocionalidad aprendido en la cultura. En el conversar construimos nuestra realidad con el otro. No es una cosa abstracta. El conversar es constructor de realidades, es un modo particular de vivir juntos en coordinaciones del hacer y el emocionar. Al operar en el lenguaje cambia nuestra fisiología. Por eso nos podemos herir o acariciar con las palabras. En este espacio relacional uno puede vivir en la exigencia o en la armonía con los otros, es decir, se vive en el bienestar de una convivencia armónica, o en el sufrimiento de la exigencia continua.

En otros términos, la biología del amor es:
. La dinámica relacional dónde es posible lo que queremos hacer.
. La dinámica que da origen a lo humano en el devenir de nuestro linaje.
. Una revelación de los procesos biológicos que nos constituyen como la clase de seres que somos.

Biológicamente los seres humanos somos seres amorosos. Y en el amor no hay expectativas, ni concesiones, sólo respeto por el otro. El amor es visionario porque expande la atención de la persona a todas sus dimensiones relacionales. En el amor no se está en la exigencia con el otro. La exigencia niega la legitimidad del otro pues no le permite una conducta responsable en la que se hace cargo de su querer y las consecuencias de su hacer.

Los seres humanos somos animales cooperadores dependientes del amor en todas edades. La cooperación es central en la manera humana de vivir, como una característica de una vida cotidiana fundada en la mutua confianza y el mutuo respeto; así mismo las emociones son dinámicas corporales que especifican las clases de acciones que un animal puede realizar en cada instante en su ámbito relacional. Las dificultades de aprendizaje y conducta relacional de los niños surgen de la negación del amor.

No olvidemos que vivimos en una cultura que habla del amor, pero lo niega en la acción; tenemos miedo de las emociones porque las consideramos rupturas de la razón y queremos controlarlas. El deseo de controlar las emociones tiene que ver con nuestra cultura orientada a la dicotomía de lo positivo y lo negativo; se enfatiza, como línea central de la vida de la lucha entre el bien y el mal. Lo malo tiene una presencia enorme, no como una falla circunstancial o como un error, sino como algo constitutivo. Cuando se vive en este conflicto dual, se pierde la confianza en lo humano y lo natural.

Todos nuestros problemas tienen su origen en la negación de las conductas empáticas (amor) lo que nos lleva a rechazar al otro en su legítima existencia. Esto nos hace negar el derecho del otro a ser libre y sobre todo, a ser diferente. Esta negación del otro no sólo se refiere a las demás personas sino también a uno mismo. ¿Cuántas veces nos negamos cosas basados en el qué dirán o pensarán los demás? eso sucede por la negación que los otros y nosotros mismos hacemos de nuestras necesidades, anhelos y proyectos.

El mundo que vivimos lo hacemos los seres humanos en nuestro vivir, surge con nosotros y el amor es el fundamento desde dónde es posible lo que queremos hacer, fluyendo con las conductas relacionales. Nuestra existencia ocurre en dos dominios: el dominio de nuestra dinámica interna (fisiología) y el dominio de nuestro ser relacional (conducta). Estos dominios, aunque incompatibles o ajenos modulan mutuamente una manera generativa, de modo que lo que pasa en uno cambian conforme lo que pasa en el otro. Desarrollarse en la biología del amor nos muestra que el ser vivo es una unidad dinámica del SER y del HACER.

Para vivir en la biología del amor es necesario recuperar nuestra dignidad a través de aceptar la legitimidad del otro, quienquiera que este sea. Hay que atrevernos a: ser nosotros mismos, a dejar de aparentar, a ser responsables de nuestro vivir creando espacios de acción afectivos que nos permitan construir relaciones sociales que impliquen confianza mutua y ausencia de manipulación.

Dany Dharma, Instructor de meditación, coach de vida y escritor