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A Pepe, sembrador de amaneceres

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Por: Salvador Calva Morales

Mi querido, respetado y muy admirado,
Pepe Mujica, hombre de alma y de arado,
hoy que dejaste este plano mortal
te escribo con grave sentimiento,
pero sin final.

Sufriste el encierro, la sombra y el muro,
siete mil días sin sol ni futuro,
pero nunca odiaste,
ni hiciste reclamo:
perdonar fue el fuego que encendió tu ramo.

De fusil a la flor, de celda al Senado,
construiste un puente de amor del pasado.
No hablaste de gloria, ni te hiciste santo,
fuiste simplemente…
un hombre de valores, con tanto.

No es grande este poema por quien lo escribe,
sino por el faro que para mí siempre fuiste:
el hombre más libre,
humilde hasta en tu andar,
valiente en tus hechos,
llevaste la vida colgada en el pecho.

Hablabas del alma, del tiempo gastado,
de cómo la plata no vale el cuidado,
porque no compras cosas con billetes,
las compras con horas de vida que metes.

“Sean felices”,
decías sin pena,
con la paz sencilla,
con vida serena.
No hacías apología de la pobreza,
sino de la sobria y bella simpleza.

Amabas la vida por sobre el dolor,
la defendías con fe, con ardor.
Y si la parca rondaba tu lado,
tú le decías:
“Doña, un traguito al pasado,
sírvame otra vuelta…
pero de muchos años”.

Se te amontonaron los años,
varias veces lo dijiste y lo sé.
Y ya no más viajes,
pero aún estás de pie,
porque vas con nosotros,
los que aún creemos
que se puede vivir con menos
y ser cada día más buenos.

“Sean buenos”, gritabas,
aunque eso no rinda y solo sirva
para sus conciencias, aunque el mundo ignore
al alma que brinda.

Porque en el silencio de cada conciencia
vale más la bondad que toda la ciencia.
Nos dijiste que hay que hablar hacia dentro
con el que llevamos guardado en el centro,
que tanta pantalla apaga el encuentro.

Pero tú, sembrador de moléculas vivas,
nos dejas un jardín de palabras altivas.
Con cada caída enseñaste a pararse,
y en cada derrota volverse a alzarse.

La felicidad era para ti norma y guía,
no lujo ni premio, sino poesía.
Hoy llevamos tu aliento, poetas del viento,
y alzamos tu canto en este momento.

Porque tu vida fue lucha y canción,
y tu muerte… tan solo otra transformación.
Por siempre y para siempre en cada rincón
vivirás, Pepe, en nuestra revolución.

Te vas, hombre bueno de manos abiertas,
sembrando en la tierra verdades inciertas.
Fuiste caridad, fuiste luz y comprensión,
el alma del pueblo, su fiel corazón.

Te llevo en el pecho, mi eterno maestro,
agradezco tu paso tan sabio, tan nuestro.
Dejas en el mundo tu huella sagrada.
Te vas… pero quedas en cada mirada.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta