Te quiero mucho, te dije,
nos vemos el próximo domingo.
Abracé tu cuerpo
y un beso en la frente te di,
calmado al trabajo marché.
Cuando, después del sonido del móvil,
una voz me dijo:
“Papá va rumbo al hospital”.
Una llamada te hice sin saber
que sería la última vez que te oiría.
Justo a las tres dejaste de latir,
y mi mundo cambió para siempre.
Hoy, desde el dolor que me aqueja, te bendigo,
bendigo todo lo que vivimos juntos,
lo que hicimos y lo que no.
Te llevo en mi sangre,
y cada triunfo, cada logro,
será de ambos, de los tres:
junto al amor de tu vida, mi mamá.
Gracias, papá,
estarás siempre conmigo,
y en lo más profundo de mi corazón
vivirás eternamente.
Filo Huesca es experto en medicina antienvejecimiento y estética.






























