Alexandra, ¿dónde estabas?
Te observaba desde hace tiempo
y te escondías en la distancia;
no comprendías el lenguaje de mis ojos,
el fluir sereno de un deseo silencioso
que en mi interior latía
al compás de mis ansias por tenerte.
Tu piel lo percibía aunque tus palabras callaran,
quizá era el miedo, quizás otra cosa.
Sin embargo, en tus pupilas brillaba
un anhelo profundo, contenido.
Dímelo en silencio: deseabas acercarte
sin palabras, sin barreras,
en la quietud de un abrazo oculto.
Yo aguardaba el roce de tu piel desnuda.
El día llegó;
te atreviste a escuchar
todo lo que el aire susurraba entre nosotros.
Ya no hay distancia entre tus labios y los míos,
tu cuerpo terso como mármol,
tus besos, la promesa que tanto había esperado,
y la sutileza de tus gestos,
todo me envuelve.
Despiertas en mí esa urgencia dormida.
Ni siquiera puedo describir
cómo tu presencia, como una fuente viva,
se entrega generosa,
derramando en mí una calidez
que en cada suspiro me desarma,
invitándome a perderme en tus formas,
en la suavidad de tu ser
donde el tiempo deja de existir.
Anhelo sentirte cerca,
descubrirnos entre telas suaves,
en la tibieza de la noche,
fundirnos en ese sueño que tantas veces imaginamos,
libres, sin sombras que nos detengan,
entregados en esa danza que no conoce fin.
Alexandra, ven,
no te detengas más;
el fuego en mi pecho clama por ti.
Quiero saciar mi sed en tu ser,
perderme en el misterio de tu cuerpo,
sentir el eco de nuestra unión
como un canto que resuena en la noche.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























