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Alimento a la virilidad

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Imagen de TRAN HUYNH en Pixabay

Por Salvador Calva Morales

La distancia me volvió alquimista,
transformando imagen en latido,
pantalla en revelación.
No es igual la carne viva que su reflejo digital,
pero aun así la imagen confirma al instinto.

Los pétalos externos, nobles custodios del deseo,
como mármol tibio protegiendo una fuente eterna;
los internos, casi un susurro de piel,
finos, suaves,
creados para guardar el milagro.

Hoy lo contemplé, no lo toqué,
y aun así temblaron mis años
y mi instinto, largamente clausurado.
Porque hay umbrales que no admiten asalto,
solo la lenta pedagogía de la espera.

Gracias a tu gracia, a tu audacia silenciosa,
pude confirmar que el deseo no envejece,
que la experiencia aún sabe leer los cuerpos
aunque las manos deban aprender a esperar.

No lo nombro como se nombra lo vulgar,
lo nombro como se honra un milagro.
Ahí converge todo:
memoria, pulso, vértigo,
un grano de eternidad
capaz de desarmar los años
y alimentar mi virilidad.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta