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Amor que arde en secreto

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Foto de Will O en Unsplash

Salvador Calva Morales

Amor secreto a mis años,
pues claro que sí,
y que el mundo se asombre,
porque el fuego no pregunta la edad del que lo nombre.
Si el fuego no envejece, tampoco el alma en mí.

Ella teme a sus hijos, que me ven casi pariente,
mas no saben que, en silencio, nos deseamos muy ardiente;
que descubran nuestra locura,
que sepan que en mis brazos
ella perdería la cordura.
Y, aunque el mundo murmure si descubre lo que siento,
este amor clandestino es mi más dulce tormento.
Porque a mis ochenta y uno,
lejos de ser un desvarío,
me enciende más lo prohibido,
me siento vivo y me río.

Ella, divorciada ya hace tiempo,
se protege del rumor.
Yo la entiendo: su familia temería mi presencia y mi valor,
mas yo leo en su mirada un desbordado fervor.

Pero ¿qué importa la sombra?, ¿qué importan precauciones,
si al mirarnos estallan prohibidos corazones?
Viviremos escondidos, sin temor ni cobardía,
pues amar en las sombras también es poesía.
La deseo, la imagino, la sueño a cada momento,
y, aunque sea a escondidas, aunque el mundo no lo apruebe,
uno no elige el relámpago que a la piel de pronto llueve.

Nos veremos en la costa,
lejos de toda mirada,
ni en su tierra ni en la mía:
playa tibia, arena dorada.

La emoción me desborda como un joven despertar,
y presiento que en su pecho la misma ola va a estallar.
Es un pacto silencioso,
un deseo compartido,
un destino encendido que al fin nos ha reunido.

La conozco desde hace varios años,
sé de su antiguo hogar,
pero nunca entre mis brazos la he podido abrazar.
Hoy el tiempo nos concede lo que antes negó,
y mi cuerpo la reclama como siempre la soñó.
Qué será ese primer beso,
qué será ese primer roce…
Lo imagino y mi alma tiembla; mi razón ya no conoce.

Quiero hacerla gemir en vida, quiero hacerla sentir cielo,
que en mis brazos se deshaga,
que se rinda sin recelo;
que descubra que en mi cuerpo hay un volcán encendido
que hará eterno cada encuentro, cada orgasmo compartido.

Me la comeré a besos, desnudo el corazón,
con hambre vieja y completa,
y en mil noches de lujuria borraré su vida quieta.
Ella, tan descuidada en artes del placer profundo,
descubrirá que en mi cama no existe tiempo ni mundo.
Seré yo su maestro ardiente, su pecado más querido,
el amante que en su cuerpo deja marcas de gemido.

Por eso iremos a playas donde nadie nos conozca,
ciudades sin pasado donde el deseo nos ofrezca
un rincón para besarnos sin reloj ni explicación,
donde su risa y mis manos pierdan toda discreción.
La emoción que yo padezco sé que en ella también arde:
dos cuerpos que se recuerdan antes de tocarse.

Quiero verla desbordarse, abierta, viva, estremecida,
con mi nombre entre sus labios como música prohibida;
que tiemble en mis caricias,
que se rinda sin razón,
que en mis brazos entienda el arte sagrado de la pasión.
Y quizá, si así lo dicta su deseo hecho fuego,
no vuelva a su antiguo mundo y se quede en mis brazos,
dándonos los dos un eterno sosiego.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta