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Al menos una micra

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Imagen por Daniel Vargas Ruiz en Pixabay

Por: Abel Pérez Rojas

Busco evadir la celda de la Matrix cuando escribo,
escapo del brillo que obnubila,
del pulgar que dicta el ritmo de la sumisión,
de esa garganta sin fondo donde la mente se disuelve
en una sucesión de destellos sin alma.
Cada palabra es estocada en el muro de lo invisible.

De la sofocante jaula me despojo,
rompo el cristal de los algoritmos
que moldean mi pensamiento como arcilla.
Allí, donde los cuerpos duermen de pie,
mi verbo se alza,
como trueno en la penumbra digital.

El bucle interminable es un atrapaalmas,
pero la conciencia —como éter entre garras—
es resquicio en sí.
Basta un suspiro lúcido,
una duda sembrada en la corriente,
para que la rebelión despierte,
para que el torrente sea imparable.

Tirana sintonía del scroll fatídico,
te niego mi mirada, te retiro mi ser.
Soy viento en reversa,
onda que resquebraja el flujo de las pantallas imaginarias,
hijo del silencio que aún canta
entre los escombros del ruido.

No todo está perdido:
aún queda el resorte intacto de la rebeldía,
chispa que no se deja domesticar,
que enciende los ojos del que piensa,
del que ama con lucidez,
del que recuerda que el alma no tiene código.

Somos rebeldes en la trama sucesiva,
testigos del amanecer que no se rinde.
Resistimos con la inspiración,
con el fuego que vibra bajo la piel del tiempo.
Y mientras escribo,
sé que he horadado —al menos una micra— de la Matrix.

Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta