Los recuerdos consagrados, dignos de piel y fuego,
se guardan con sed ardiente,
murmullos que aún no mueren,
por lo candente y latente.
¿Cuántas aventuras más podría contar de ti y contigo,
Ivonne,
nadando entre sábanas,
nos abrazábamos,
y el deseo, como marea en cada caricia, nos llamaba?
¿Cuántas veces te tuve en la habitación,
desnuda, etérea, infinita,
tus curvas jugando con mis deseos,
en noches encendidas en tu piel?
Entre las almohadas danzabas lenta,
tus glúteos se mecían con arte,
y el lunar en tu nalga izquierda
era un faro en el oleaje.
No hubo testigos,
solo la cama, tú y yo,
la tibieza en cada beso,
las ondas de placer creciendo hasta arrastrarnos de regreso.
Así, en la cama, húmedos y hambrientos,
volvimos a besarnos tanto y tanto,
hasta ahogarnos sin miedo,
una y otra vez en los gemidos sempiternos.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























