Por Abel Pérez Rojas
La fuente de sabiduría infinita
está muy cerca,
aunque a veces se oculte en nubes,
porque habita en la intuición,
en ese pulso leve
que avanza sin estruendo
como vena bajo la dermis
y permanece.
Es un rasgo del sueño,
una hebra delicada
que puede torcerse
hasta volverse desvelo,
por exceso de claridad cruda,
sin cernir.
Manifestar realidades
requiere atención sostenida,
una mirada capaz
de leer señales mínimas
en el tejido del día
—hilos de luz en lo ordinario—.
Lo que suele llamarse imposible
es apenas un umbral anónimo.
Acceder a otras dimensiones
pide permanecer en el mundo
con hondura,
comprender que lo inasible
también sostiene
la arquitectura de lo cotidiano
como raíces celestes.
Todo resulta tan accesible
como recordar,
volver al punto primero
donde el saber
se reconocía en silencio profundo,
sin retorno,
y la conciencia avanzaba
sin mapas
hacia aquello que siempre le perteneció.
La fuente de sabiduría infinita
está al alcance:
despierta el geiser de la intuición,
el brote es inevitable.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta





























