Por Salvador Calva Morales
La vida se edifica sin estruendo,
piedra sobre piedra invisible,
en jornadas que parecen idénticas
y, sin embargo, sostienen la arquitectura íntima del destino.
Nada cambia a los ojos impacientes,
pero en lo profundo germina una obra delicada y persistente.
Hoy inclino el alma hacia la gratitud,
esa forma elegante de reconocer lo que aún no florece.
Agradezco el progreso callado,
la savia que asciende sin ser vista,
la fortaleza que madura en la penumbra,
como un vino noble guardado en silencio.
Deposito mi prisa en manos del tiempo
y recibo a cambio la constancia serena.
Permito que el pulso del día me enseñe
la disciplina suave de lo cotidiano,
la fidelidad a los gestos mínimos
que sostienen los grandes horizontes.
Que esta jornada me halle leal en lo pequeño,
digno en lo sencillo,
arraigado en la pureza de cada acto discreto.
Que mi espíritu permanezca erguido
aunque el aplauso no llegue
y el resultado aún no tenga nombre.
Porque no todo anuncia su llegada con clarines:
hay maravillas que se tejen en secreto,
promesas que respiran bajo la tierra oscura.
Confío en lo eterno que obra sin espectáculo,
en la semilla que trabaja mientras duermo
y en la certeza de que lo invisible también es milagro.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























