Por Salvador Calva Morales
Qué hermoso lo que escribiste.
La madrugada te sorprendió desarmado, sincero,
y en ese instante sin máscaras
dijiste lo que frente a mí,
a través de una pantalla,
nunca se atrevió a nacer.
Ahí empieza esta historia,
esta conquista que no es vana,
que no busca adornos ni victorias rápidas,
sino la simple y compleja hazaña
de acercarte,
de sentirte cerca,
de coincidir en el mismo pulso.
Sin darme cuenta,
tu aprendizaje, tu sapiencia,
esa forma tuya de entender la vida,
fue sembrando algo en mí
que hoy reconozco como amor,
aunque aún no lo nombremos.
Te vi…
mujer altiva,
con un ego firme como hierro,
con esa presencia que no pide permiso;
y, sin querer, tal vez,
me mostraste más de lo que imaginabas.
Niña linda,
deja libres tus latidos,
abre esos rincones donde resguardas lo que sientes;
permíteme, al menos,
habitar un instante en tu esencia,
sin invadir,
sin romper nada.
No mires las formas,
no midas esto con reglas viejas;
solo mira este intento,
este estilo de poeta en revolución
que no viene a imponerse,
sino a ofrecerse.
Que poco importe el nombre
que otros pondrían a lo nuestro:
que si “noviazgo” suena apresurado,
que si “amantes” provoca distancia o risa.
Dejémoslo sin etiquetas rígidas,
sin prisas que lo arruinen.
Llamémoslo, si acaso,
una cercanía elegida,
una complicidad abierta,
dos voluntades que coinciden
sin cadenas.
No me niegues tu presencia,
no cierres la puerta de lo que puede crecer.
Déjame seguir bebiendo de lo que sabes,
de lo que eres,
de lo que compartes sin darte cuenta.
Y que el amor,
y que los besos,
y que todo lo demás
llegue cuando tenga que llegar,
sin empujones,
sin miedo,
como llegan las cosas verdaderas.
Preguntas mis intenciones abiertamente,
y te contesto mis razones.
Quiero tenerte cerca,
sin prisa… pero sin distancia;
rozar tus labios
como si en ellos se detuviera el tiempo.
Besarte distinto,
como a nadie,
como si cada instante
fuera el primero y el último.
No te nombro mía,
ni apresuro destinos;
sé que el día que me ames
serás tú quien lo pida en silencio.
Porque este deseo es mutuo,
imposible negarlo:
late en los dos, contenido,
placer que se anuncia
pero aún no ha florecido,
como un incendio de ternura
aguardando su instante perfecto
en el corazón del destino.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta





























