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Poema a Confucio

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Imagen generada con IA

Por Salvador Calva Morales

Confucio,
sembrador de equilibrio,
hombre de paso sereno
y mirada que no gritaba,
pero ordenaba el mundo
como quien endereza una lámpara
para que la noche no se vuelva dueña del hombre.

Viste en la virtud
la arquitectura secreta del alma,
el pilar que sostiene la casa interior
cuando el ruido de la ambición
quiere derrumbarlo todo.

No enseñaste solo palabras,
enseñaste el modo de habitar la palabra,
la reverencia ante la vida,
el cuidado del gesto,
la justicia en el trato,
la templanza como río
que pule la piedra del carácter.

En tus manos,
educar no fue llenar una vasija,
sino limpiar el corazón
para que pudiera reflejar el cielo.

Hablaste del respeto
no como obediencia ciega,
sino como reconocimiento
de que todo vínculo humano
merece dignidad y medida.

Confucio,
maestro de la mesura,
de la rectitud sin soberbia,
de la disciplina sin violencia,
de la bondad que no hace ruido,
pero cambia generaciones enteras.

Tu voz aún camina
por escuelas y hogares,
recordándonos que la sabiduría
no empieza en los libros,
sino en la forma
en que miramos al otro,
en la manera
en que gobernamos nuestro impulso,
en la decisión cotidiana
de hacer del bien una costumbre.

Porque quien cultiva la virtud
no solo se transforma a sí mismo:
enciende una lámpara
para todos los que vienen detrás.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta