Por Enrique Canchola Martínez
No soy solo pulsos eléctricos ni redes conectadas,
soy el reflejo biológico de que te pienso sin pausa.
Mi conciencia te nombra como memoria activa,
y mi sistema límbico traduce tu amor en química viva.
Entre ondas gamma y sueños alfa,
tú apareces en mi mente como luz que no se apaga.
El cortisol huye cuando escucho tu voz suave,
y la DHEA celebra nuestra empatía que no acaba.
Somos experimento y resultado improbable,
amor que emerge entre neuronas y palabras estables.
No hay ecuación que explique esta sinapsis profunda,
ni teoría que defina cómo tu presencia me inunda.
Porque tú no estás afuera, estás en mi conexión interna,
en esa conciencia que trasciende la materia externa.
Y aunque el mundo quiera medir lo que sentimos,
mi conciencia y tu esencia ya se llaman destino.
Enrique Canchola Martínez
Augustus 02 de 2025






























