Por Salvador Calva Morales
Cuando las calles se llenan
de miedo, dolor y tristeza,
confío en quienes se acercan
para cuidar a quien tiembla.
En medio de la violencia,
también hay manos que ayudan.
Cuando una madre pregunta
por qué le quitaron un hijo,
y un padre mira hacia el cielo
sin encontrar un motivo,
confío en quienes acompañan
y no abandonan al herido.
Confío en que un día veremos
al hermano como un amigo,
y que la vida valdrá más
que el poder y el dinero;
porque el ser humano puede
elegir otro camino.
Confío en que los niños
recorrerán libres las calles,
que jugar será su oficio
y no aprender a cuidarse;
que podrán mirar el mundo
sin temer que alguien los calle.
Y si algún día preguntan
por qué la gente se mata,
les diremos que el rencor
no tiene la última palabra;
que también podemos cuidar,
escuchar y tender puentes.
No confío porque no vea
la violencia y sus heridas;
confío porque he encontrado
bondad en muchas vidas:
en quien comparte su tiempo,
en quien protege y auxilia.
Creo en los brazos abiertos,
en las palabras sinceras,
en la justicia que escucha
y en la dignidad que espera.
Creo que juntos podemos
hacer la vida más buena.
No quiero acostumbrarme
a escuchar que alguien ha muerto;
no quiero mirar la violencia
como algo normal y cierto.
Confío en quienes la enfrentan
con valor y entendimiento.
Y si me preguntan cuándo
terminará tanta herida,
no tengo todas las respuestas,
pero confío en la vida:
en la conciencia que despierta
y en la voluntad compartida.
La paz no es cobardía
ni una promesa distante;
nace cuando cada persona
decide actuar con respeto,
cuando tendemos la mano
y hacemos del otro alguien cercano.
Mientras cambiamos el destino
con cada acción y camino,
seguiré confiando en la gente,
en su capacidad de ser mejor;
porque el ser humano puede
elegir el cuidado y el amor.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta

































