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Cuando los extremos se tocan… nos toca a nosotros actuar

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– La Historia Jamás Contada –

Fue hace poco más de 50 años que comencé mis aventuras de campo, muy diferentes de las cinematográficas o literarias, principalmente porque me hacían dolorosamente consciente de mis limitaciones físicas, aunque al mismo tiempo me mostraron las posibilidades del ingenio y la voluntad para superarlas o, cuando menos, suplementarlas de algún modo para no entregarme sin más al fatalismo, que es lo más común hoy en día, como comprobé no hace mucho tras un aguacero, cuando por estar inundadas las calles, la gente -¡toda!- no se movió de donde estaba y se quedó simplemente esperando… cuando lo más natural -al menos para mí-  era buscar una forma de salir.

Esto tiene consecuencias también en la PREVENCIÓN, cuando es la experiencia pasada de situaciones semejantes la que lleva a imaginar (figure out) cómo sortear esos inconvenientes o incluso peligros, pero si no hay acción en una situación real, menos la habrá en una que aún no sucede, cerrándose así un círculo vicioso.

Aunque últimamente no se habla mucho de eso, era endémico en poblaciones rurales aisladas que tras los grandes aguaceros se aprestaran brigadas de voluntarios para llevar víveres, medicamentos, artículos de limpieza y otros enseres necesarios para reanudar y normalizar la vida diaria, además de contribuir con mano de obra y experiencia técnica para reparaciones menores y mayores. (Asistencia que, por cierto, ni siquiera era reconocida por los afectados, que en cuanto se sentían aliviados, acudían en masa a dar gracias al templo, dejando a los verdaderos agentes de su recuperación, quienes se habían movilizado hasta allí aún a riesgo de su vida, en calidad de invisibles cuando no hasta de indeseables.)

Volviendo al tema inicial, resulta que actualmente ya no hay que aventurarse fuera de casa para quedar a merced de las inclemencias del tiempo, pues nos encontramos en una era de extremismo climático, para la cual los habitantes de zonas otrora templadas no estamos acostumbrados ni mucho menos preparados materialmente. (Recuerdo haber comentado esto mismo en un programa radiofónico en el cual colaboraba hace… ¡20 años!, en el que también planteé lo que tendría que hacerse de acuerdo a la lógica más elemental: adecuar los materiales, diseños y técnicas de construcción a esta nueva realidad climática.)

Por ejemplo, en cuanto a la TEMPERATURA, ya en esas primeras experiencias trataba de imaginar cómo temperarla, literalmente, de modo que no fuera ni excesivamente alta aún en pleno rayo del sol ni tampoco gélida de noche y al descampado. Pensé entonces en un traje de clima autocontenido, como el de los astronautas, pero mucho más accesible y económico aprovechando los materiales, diseños y técnicas de confección ya existentes en la industria, además de bastante ligero como para (so)portarlo durante largas caminatas y fácil de poner y quitar.

Esto en cuanto al atuendo de protección y abrigo personal, pero también estaba el de un refugio compacto y portátil para ser armado in situ cuando fuera necesario: la tienda de campaña, sin más.

Pero era posible aún otro, permanente, un refugio pensado, construido, mantenido y avituallado para condiciones extremas. De éste podemos obtener mucha información útil para adaptar nuestras casas de zona templada a condiciones más rigurosas, tarea que el “pueblo bueno y sabio” no puede acometer sin más con buenas probabilidades de éxito, como afirma un archiconocido demagogo, sino que exige conocimientos, experiencia y habilidades especializadas por la cantidad y complejidad de variables involucradas, que lo convierten en un proyecto sólo realizable institucionalmente, bastante engorroso pero que más pronto que tarde tendremos que enfrentar como sociedad y Gobierno, independientemente de las romerías (ahora llamadas “campañas”) y fiestas patrio-nales que nos legó el PRI, ahora en su Cuarta Transmigración bajo otro nombre.

Lo anterior es solamente una muestra de algo objetivamente URGENTE, pero que ningún Partido o candidata o candidato ha imaginado siquiera poner en su propuesta a los electores. ¿Qué hacer entonces para que esto no haga crisis, como ya sucedió con el CLIMA? Ustedes tendrán su respuesta.

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.