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Del Homo sapiens: cultura escrita, al Homo videns: cultura visual

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Imagen auspiciada por PIXABAY, proporcionada por DeltaWorks

Por Saile Villalobos

Hemos llegado a una época en la que la imagen sustituye, cada vez más, a la palabra escrita.

Surge entonces una pregunta fundamental: ¿quiénes son los dueños de los medios de comunicación? Quien controla los medios tiene una enorme capacidad para influir en las masas.

La televisión estimula, en gran medida, la violencia. Basta preguntarnos: ¿cuántos hechos violentos observamos por minuto en muchas series televisivas? Paralelamente, disminuye el pensamiento crítico.

La cultura del entretenimiento o de la distracción no genera necesariamente contenido intelectual o cultural. Su interés principal no es promover la calidad de vida, sino estimular el consumo.

Hoy, un niño, antes de aprender a leer, ha pasado ya innumerables horas frente al televisor o a las pantallas digitales.

La mejor manera de distraer a las personas consiste en producir constantes estímulos visuales y auditivos. El sexo vende. Los anunciantes, a través de la publicidad y la mercadotecnia, apoyados en estudios sobre el comportamiento del consumidor, buscan mantener la atención estimulando deseos relacionados con el estatus, el poder, el dinero y el prestigio, creando una sensación de inmediatez.

De esta manera, se sustituye la cultura del esfuerzo y del mérito por la obtención fácil e instantánea de satisfactores. Se utilizan ganchos publicitarios con mensajes como: «Es gratis», «Con el poder de su firma disfrútelo ahora y pague después», o, mejor dicho, «Endéudese ahora y preocúpese después por cómo pagará».

Esto ha estimulado a muchos consumidores a vivir por encima de sus posibilidades reales, aparentando un nivel de vida que no corresponde a su poder adquisitivo: ropa de marca, moda, viajes y un sinnúmero de productos asociados a la vanidad que, en la mayoría de los casos, no son necesarios.

La salud, la educación, la vivienda y los ingresos dignos parecen reservados para quienes ya llegaron a una posición privilegiada. Mientras tanto, las telenovelas, las series y las películas muestran un mundo de lujos y frivolidad, poblado por personajes atractivos y estilos de vida que resultan inalcanzables para gran parte de la población.

La propuesta implícita parece ser hacerse rico sin importar los medios. Los hombres sin escrúpulos y los narcotraficantes se convierten en protagonistas de exitosas series televisivas. El dinero aparece como sinónimo de éxito, mientras que los principios, los valores, la cultura del esfuerzo y la sobriedad parecen haber pasado de moda.

El ser humano no vive exclusivamente en un universo físico, sino también en un complejo universo simbólico conformado por la lengua, el mito, el arte y la religión.

Existen diversos tipos de lenguaje. El lenguaje lógico-científico busca explicar la realidad mediante conceptos racionales; el lenguaje poético, en cambio, expresa sentimientos, estimula la imaginación y crea nuevas formas de comprender el mundo.

El lenguaje es la capacidad de comunicar ideas, pensamientos, conceptos y emociones mediante sonidos, signos y palabras. Gracias a él, el ser humano construye significado.

El hombre es un animal parlante. Habla continuamente consigo mismo. Esta característica lo distingue de cualquier otro ser viviente.

Además, reflexiona sobre lo que dice. La civilización se desarrolló y fortaleció gracias a la escritura.

Durante siglos, poseer libros y acceder al conocimiento fue un privilegio reservado a las élites. Cuando Johannes Gutenberg imprimió la Biblia en 1452, el tiraje fue de apenas 200 ejemplares.

Posteriormente, la invención del telégrafo, el teléfono y la radio acortó las distancias entre las personas. Sin embargo, estos medios no menoscabaron la naturaleza simbólica del ser humano.

La ruptura se produce con la llegada de la televisión. La palabra televisión significa literalmente «ver desde lejos». El telespectador no interviene en la comunicación; recibe pasivamente los mensajes. Lo importante deja de ser el texto y pasa a ser la imagen. En consecuencia, el hombre corre el riesgo de convertirse más en un animal vidente que en un animal simbólico.

No se trata de atacar al medio de comunicación en sí mismo, sino de cuestionar críticamente sus contenidos.

A lo largo de la historia, el conocimiento ha sido considerado con frecuencia un enemigo del poder. Basta recordar el caso de Sócrates frente a la aristocracia ateniense o los conflictos entre las instituciones religiosas y el método científico basado en la evidencia.

La sociedad del entretenimiento difícilmente genera mentes reflexivas. Su objetivo principal es captar la atención del consumidor para vender los productos y servicios de los patrocinadores.

La era cibernética, Internet, las redes sociales y la inteligencia artificial no solo transmiten imágenes. La digitalización integra imagen, sonido e interacción, además de crear realidades virtuales que, en muchas ocasiones, pueden distorsionar o tergiversar la realidad.

La diferencia fundamental es que el lenguaje simbólico exige aprender el significado de las palabras y comprender el contenido de los mensajes. Por el contrario, la representación visual requiere únicamente la capacidad de ver.

Concluyo con una referencia al papa León XIV, quien en su primera encíclica sobre la inteligencia artificial advirtió acerca de los desafíos éticos que esta tecnología plantea para la humanidad. En dicho documento sostuvo que la inteligencia artificial no puede confundirse con la inteligencia humana y señaló que ningún sistema de cálculo puede sustituir una conciencia capaz de discernir el bien, la verdad y la responsabilidad moral.

Saile Villalobos (eliasvillalobossaile.com) nació el 5 de mayo de 1952 en la Ciudad de México. Es licenciado en Mercadotecnia y Publicidad. Trabajó en la industria farmacéutica durante treinta y tres años. Es autor de las novelas «Del odio al amor», «Frente al espejo», «La corporación» (El secreto) y «Grafiti». También es autor del poemario «Mis reflexiones». Ha publicado «Cuentos y fábulas», «El niño navegante» y «Fábulas y cuentos del Búho Sabio». Ganador del concurso de cuento infantil BUAP-Sabersinfin, con su obra: «El niño alebrije». Ha participado en todas las ediciones de la «Antología internacional de poesía Sabersinfin». Publica en «Filigramma», la revista del Círculo de Escritores Sabersinfin.