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25 de julio: Día sin tiempo

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Imagen del autor JuanMarcelFrancia en PIXABAY

ConoSer Bien

La verdadera felicidad reside en valorar el tiempo y emplearlo para vivir al máximo”.
Anónimo

Los seres humanos desde la más remota antigüedad apreciaron el concepto del tiempo, esto a partir de la observación de fenómenos naturales regulares, como el amanecer y el atardecer (ciclos del Sol), las fases de la Luna, los cambios en la posición de las estrellas en el firmamento, las estaciones del año, el crecimiento y decrecimiento de las aguas de ríos, mares y lagos y, sobre todo, por el nacimiento, vida y muerte de todos los seres vivos.

Los sabios y sacerdotes antiguos sabían que los ciclos naturales estaban relacionados íntimamente con los movimientos de los astros. Ellos eran astrónomos y de su acuciosa observación de la bóveda celeste dependían en gran medida la precisión de sus predicciones y el poder que tenían sobre la gente de su comunidad.

Hace mil quinientos años, Agustín (354-430 d. C.), filósofo, padre, doctor de la Iglesia católica y sabio obispo de Hipona que después fue santo, preguntó: “¿Qué es el tiempo?” y se respondió a sí mismo: “Si alguien me lo pregunta, sé lo que es. Pero si deseo explicarlo, no puedo hacerlo”.

La palabra “tiempo”, proviene del latín “tempus” e indica momento, instante, estado temporal. El tiempo es una magnitud física creada por el hombre con el que se mide la duración o separación de acontecimientos. El tiempo permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, un futuro y un tercer conjunto de eventos que crean el presente. En la actualidad se habla de ganarlo, perderlo o ahorrarlo, pero la verdad es que el tiempo ni siquiera puede atesorarse.

Desde hace más de 10,000 mil años, los sabios de Egipto y de Mesopotamia, al observar el cielo nocturno, apreciaron un objeto digno de veneración que llamaba su atención por presentar gradualmente diferentes vistas, es decir, la luna. Este objeto, totalmente brillante (luna llena) algunas veces y completamente apagado (luna nueva) en otras ocasiones, fue motivo para celebrar en su honor un periodo entre cada luna nueva.

En la mitología griega, la Luna se personifica como Selene, y también se la asocia con Artemisa y Hécate. En la mitología romana, la Luna es Luna. En la mitología azteca, la Luna se llama Coyolxauhqui y también Tecuciztécatl. En la mitología maya, la Luna es Ixchel. En la mitología inca, la Luna es Mama Quilla. En la mitología egipcia, la Luna es Thot, Jonsu o Iah. En la mitología nórdica, la Luna es Máni. En la cultura japonesa, la Luna es Tsukuyomi.

Es así, como nace el primer ciclo en la historia de la humanidad, este tenía 30 días, aproximadamente, y con el paso de los siglos se transformó en lo que hoy se ha denominado “mes”. En su observación, además, descubrieron que cada siete días, la luna presentaba otras formas – creciente, llena, menguante, nueva. Estas cuatro fases lunares son las que dieron origen a lo que se conoce actualmente como “semana” de siete días, dedicando uno al descanso.

Al ser la agricultura la principal actividad económica en esa época, era necesario conocer, lo más exacto posible, las temporadas ideales de siembra, cosecha y almacenamiento de alimentos. Es así como, con la observación y la práctica agrícola, llegaron a identificar las “estaciones”, y al relacionarlas con las fases de la luna concluyeron que, en un lapso entre dos primaveras ocurrían doce ciclos lunares, un “año”, naciendo así los meses del año.

Una de las culturas que más apreciaba el ciclo lunar era la “maya”, la cual en sus diversos calendarios establecía el tiempo entre un periodo lunar completo. La diosa Ixchel era la representación femenina de la luna, asociada con la fertilidad, la creación y la vida.

Los mayas consideraban que, el tiempo de la tierra está en sintonía con las frecuencias del universo. Por eso, un año dura lo que para nosotros serían 13 meses de 28 días; exactamente el tiempo que tarda la tierra en dar un giro completo al Sol, de acuerdo a los ciclos lunares. Pero, se aprecia que 13 meses de 28 días dan un resultado de 364 días, dejando uno como “el día perdido”.   

El 26 de julio en el calendario Gregoriano coincide con la celebración del Año Nuevo Maya, que se extiende hasta el día 24 de julio del siguiente año. Pero, ¿qué sucede con el 25 de julio? Este es el llamado “Día Fuera del Tiempo”, “Día del Perdón Universal”, “Día de la Liberación Galáctica o “Día verde”. Es en este día en el que ocurre la sincronización del Sol con la estrella Sirio. Comienza una revolución solar de la tierra.

Sirio representa la intuición, el sol secreto; por eso, ese día todas las energías del año se reúnen. Para los mayas esto era muy especial, y por eso lo consideraban un momento óptimo para preparar el alma, purificar el espíritu, reflexionar y meditar antes de comenzar un nuevo ciclo. Precisamente por los rituales de limpieza y sanación con la Madre Tierra, el Día Fuera del Tiempo también se conoce como “Día verde”.

En este día, 25 de julio, además, se hace la plegaria a las siete direcciones en sentido contrario a las manecillas del reloj: 1. ESTE. Desde la Casa Este de la Luz, que la sabiduría se abra en aurora sobre nosotros para que veamos las cosas con claridad. 2. NORTE. Desde la Casa Norte de la Noche, que la sabiduría madure entre nosotros para que conozcamos todo desde adentro. 3. OESTE. Desde la Casa Oeste de la Transformación, que la sabiduría se transforme en acción correcta para que hagamos lo que haya que hacerse. 4. SUR. Desde la Casa Sur del Sol Eterno, que la acción correcta nos de la cosecha para que disfrutemos los frutos del ser planetario. 5. CIELO. Desde la Casa Superior del Paraíso, donde se reúne la gente de las estrellas y los antepasados, que sus bendiciones lleguen hasta nosotros ahora. 6. TIERRA. Desde la Casa Inferior de la Tierra, que el latido del corazón cristal del planeta, nos bendiga con sus armonías para que acabemos con las guerras. 7. CORAZÓN. Desde la Fuente Central de la Galaxia, que está en todas partes y al mismo tiempo, que todo se reconozca como luz de amor mutuo.

A mediados del siglo XX, el antropólogo estadunidense José Argüelles propuso una manera de interpretar los códices mayas que se ha popularizado bastante en años recientes. De acuerdo con su teoría, el calendario maya (Tun Uc) se dividía en 13 ciclos lunares de 28 días cada uno, lo que daba un total de 364 días. Además, tenían un Día fuera de tiempo, el 25 de julio, con lo que se completaban los 365 días. Con el paso de los años, otros especialistas han criticado las investigaciones de Argüelles.

Juzgue usted, amable lector.

Jorge A. Rodríguez y Morgado, titular de la columna y el programa ConoSER bien. Twitter: @jarymorgado, correo electrónico: jarymorgado@yahoo.com.mx. Colaborador destacado de: Sabersinfin.com