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El deseo de un hombre

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Foto: Pixabay

Por Salvador Calva Morales

El deseo de un hombre no habita solo en su piel;
vive en su alma,
en su ser más fiel.
Es la chispa encendida que nunca se apaga,
es llama que el tiempo jamás deshaga.

No es solo un impulso
ni un eco carnal;
es hambre de vida, de amor vital,
es querer sentirse útil, querido, completo,
con el pulso encendido, el espíritu inquieto.

Aunque el reloj dicte su ley implacable,
la ilusión renace, firme, inquebrantable,
pues mientras respire, su alma reclama
reír, abrazar, dar todo en la llama.

A los sesenta, setenta o más, aún late
ese fuego interno que el alma rescate,
porque joven no es quien años ha tenido,
sino quien vive el amor encendido.

El error del mundo, cruel y ciego,
es creer que el deseo muere con el ego.
Pero no muere el deseo: muere la costumbre,
la falta de cariño o la amarga penumbra.

Cuando un hombre se siente querido, estimado,
vuelve a la vida, se siente inspirado;
renace su fuego, su instinto, su canto,
y vuelve a soñar sin miedo ni llanto.

Porque el cuerpo envejece, pero el alma no cede:
sigue buscando aquello que puede,
motivos para amar, para sentir,
para andar…
porque mientras haya amor,
seguirá deseando amar.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta